Hermanos, un apoyo clave en la vida adulta y el envejecimiento de las personas con síndrome de Down

La relación entre hermanos y hermanas es uno de los vínculos más duraderos y fuertes que existen. En el caso de las personas con síndrome de Down, este lazo tiene una dimensión especial, marcada por el acompañamiento mutuo, el afecto y la construcción compartida de proyectos de vida.

A medida que las personas con síndrome de Down alcanzan la edad adulta y avanzan en procesos de envejecimiento anticipado, sus necesidades cambian. También lo hacen las de sus familias. Los padres y madres, tradicionalmente principales apoyos y cuidadores, envejecen a su vez y, muchas veces, son los hermanos quienes comienzan a asumir nuevas responsabilidades dentro de la red familiar.

Se trata de una realidad sobre la que todavía existe escaso conocimiento y que ha recibido poca atención específica. Con el objetivo de conocer mejor esta realidad, los profesionales de la Red Nacional de Vida Adulta y Envejecimiento y la Red Nacional de Hermanos de DOWN ESPAÑA han puesto en marcha una iniciativa conjunta para analizar el papel que desempeñan los hermanos y hermanas de personas con síndrome de Down en las etapas de vida adulta, envejecimiento y posible deterioro cognitivo.

El proyecto incluye un estudio para comprender mejor la importancia de esta figura en la edad adulta y en los procesos de envejecimiento anticipado, así como conocer de qué manera participan en el acompañamiento y los cuidados, cómo compatibilizan estas responsabilidades con sus proyectos personales, familiares y profesionales, y qué apoyos consideran necesarios para afrontar esta etapa. Asimismo, esta investigación permitirá analizar si cuentan con recursos suficientes, cómo perciben su preparación para asumir determinadas responsabilidades y cuáles son los principales retos y oportunidades que identifican de cara al futuro.

La iniciativa persigue no solo generar conocimiento, sino también visibilizar sus experiencias permitirá identificar necesidades, promover recursos específicos y avanzar hacia propuestas que refuercen su participación y acompañamiento.

Para poder llevar a cabo el estudio, desde DOWN ESPAÑA, pedimos la participación de hermanos y hermanas de personas con síndrome de Down rellenando este sencillo cuestionario: https://forms.cloud.microsoft/e/EN9MmzM3Qf?origin=lprLink

Por otro lado, como parte de este proyecto, desarrollado con el apoyo del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, en el marco de la convocatoria de subvenciones IRPF, las mencionadas redes de trabajo de nuestra federación han elaborado un vídeo para visibilizar la importancia de la figura de los hermanos y hermanas de personas con síndrome de Down, pues, aunque el tiempo pase y las circunstancias cambien, continúan compartiendo experiencias, apoyo y complicidad.

Vídeo “Hermanos, acompañándonos en todas las etapas de la vida”

Recursos para hermanos y hermanas de personas con síndrome de Down:

-Guía sobre las inquitudes de los hermanos, disponible haciendo click aquí.

Guía de autocuidado emocional para hermanos de personas con síndrome de Down, disponible haciendo click aquí.

Vida adulta y envejecimiento de personas con síndrome de Down, disponible haciendo click aquí.

Guía Cuidando de ti y de mi (Alzheimer), disponible haciendo click aquí

Mara Dierssen: «La prevención del Alzheimer debe empezar antes de los síntomas”

En el marco del mes la concienciación del Alzheimer y con el objetivo de conocer más sobre la investigación de esta enfermedad que afecta a las personas con síndrome de Down con una incidencia muy alta, entrevistamos a la neurobióloga, investigadora del Centro de Regulación Genómica de Barcelona y presidenta del Consejo Español del Cerebro, Mara Dierssen. Además, aprovechamos para preguntar a la experta sobre los avances en neurociencia más relevantes.

-¿Cuál es el estado actual de la investigación sobre el cerebro en España y en qué áreas somos más punteros?

España está en un momento muy interesante: se ha consolidado como uno de los países relevantes en investigación del cerebro. En el Consejo Español del Cerebro hemos publicado recientemente un informe sobre la investigación en neurociencia en España 2014–2024. El primer resultado es que nuestro país se sitúa entre los 10 países con mayor producción científica en neurociencia a nivel mundial. Es decir, no estamos en una posición marginal, tenemos una comunidad científica muy sólida, competitiva y reconocida internacionalmente.

Somos especialmente sólidos en áreas como neurodegeneración, particularmente Alzheimer y Parkinson, pero en la última década hemos consolidado nuestra investigación en trastornos del neurodesarrollo, incluyendo autismo y, muy importante, la discapacidad intelectual y, cada vez más, en neurotecnología, interfaces cerebro-máquina, inteligencia artificial aplicada al cerebro y modelos humanos como los organoides.

También hay un crecimiento claro de la inversión pública: entre 2014 y 2024 España destinó alrededor de 1.400 millones de euros a investigación en neurociencia, con una financiación que prácticamente se ha duplicado en la última década, gracias a los fondos de resiliencia.

Pero el mensaje debe ser doble: España está muy bien posicionada en producción científica, sí, pero todavía tenemos que mejorar en impacto internacional, liderazgo de grandes proyectos, sostenibilidad de la financiación y equilibrio territorial.

El gran desafío es convertir esa fortaleza científica en una verdadera estrategia de país: más coordinación, más financiación sostenida, mejores infraestructuras, más conexión entre investigación básica y clínica, y una apuesta decidida por la salud cerebral como prioridad sanitaria, social y económica.

-¿Qué avances recientes en neurociencia destacaría por su impacto en la salud y calidad de vida de las personas con síndrome de Down?

En síndrome de Down, destacaría cuatro avances especialmente relevantes. Primero, las estrategias de edición génica y “rescate” cromosómico. En modelos celulares de laboratorio, se ha demostrado que tecnologías CRISPR-Cas9 pueden eliminar de forma selectiva la copia extra del cromosoma 21 y normalizar parcialmente la expresión génica. También se exploran estrategias inspiradas en XIST, el mecanismo que silencia uno de los cromosomas X en mujeres, para intentar “apagar” el cromosoma extra sin eliminarlo. Son aproximaciones todavía muy experimentales, sin terapias disponibles, pero conceptualmente abren un campo nuevo.

En segundo lugar, hay avances en estrategias de mejora cognitiva y autonomía funcional. Un ejemplo prometedor es AEF0217, un compuesto dirigido a la señalización del receptor cannabinoide CB1. Los primeros estudios de fase 1/2 que se han llevado a cabo en el Instituto de Investigación Hospital del Mar, dirigidos por el Dr. Rafael de la Torre, han mostrado seguridad y algunos indicios muy positivos con mejoras en comunicación, interacción social y habilidades de la vida diaria, y ya hay ensayos en marcha para evaluar su efecto en conducta adaptativa en adolescentes y adultos con síndrome de Down. 

Por último, la investigación sobre Alzheimer en síndrome de Down está avanzando mucho, porque esta población tiene un riesgo muy elevado de desarrollar patología tipo Alzheimer de inicio temprano. Grandes cohortes como ABC-DS y TRC-DS están siguiendo a personas con síndrome de Down a lo largo del tiempo, combinando evaluación cognitiva, biomarcadores, genética, neuroimagen y muestras biológicas para entender la transición desde la biología del síndrome de Down hacia la enfermedad de Alzheimer y preparar futuros ensayos preventivos.

En nuestro laboratorio precisamente estamos trabajando con tejido cerebral postmortem de personas con síndrome de Down, y esos estudios están revelando mecanismos que desconocíamos y que en un futuro muy próximo permitirán mejorar la neuropatología tipo Alzheimer en personas con síndrome de Down. Se trata de unos estudios que llevamos a cabo en colaboración con los doctores Bonaventura Clotet, Aleix Elizalde y Nuria Izquierdo, que ya están mostrando resultados muy prometedores.

-En el caso del Alzheimer, ¿qué líneas de investigación son más prometedoras actualmente?

Las líneas de investigaciónmás prometedoras son las que combinan diagnóstico temprano y tratamiento antes de que el daño sea irreversible.

Hoy por hoy destacan los avances en la identificación de biomarcadores sanguíneos, PET amiloide y tau, que permiten ya un detección más precoz, sobre todo combinados con técnicas de neuroimagen avanzada.

Desde la perspectiva terapéutica en los últimos años se habla mucho de las terapias antiamiloide, y terapias dirigidas a tau, porque tradicionalmente han sido considerados los elementos neuropatológicos más relevantes en la enfermedad de Alzheimer. Pero no podemos olvidar el impacto de la neuroinflamación, metabolismo, sinapsis, vascularización y factores protectores como la reserva cerebral.

Aún así, los anticuerpos monoclonales antiamiloide han abierto una etapa nueva. Lecanemab, por ejemplo, mostró una cierta ralentización del deterioro cognitivo en fases iniciales, aunque no es una cura y exige selección cuidadosa de pacientes, seguimiento y control de efectos adversos. La Fundación Pasqual Maragall de hecho, subraya que debemos ser prudentes con los titulares sobre “vacunas” o curas, porque el Alzheimer sigue sin curarse, y muchos hallazgos preclínicos no llegan a ser tratamientos eficaces en el ser humano.

También me parecen muy relevantes las intervenciones multimodales que combinan ejercicio, dieta, sueño, estimulación cognitiva, control vascular y, en algunos estudios realizados por nuestro grupo en colaboración con el laboratorio del Dr. Rafael de la Torre, compuestos como EGCG, pueden potenciar la plasticidad de forma muy importante, lo que redundaría en una mejor reserva cerebral y de hecho ha demostrado un impacto positivo.

El estudio PENSA, por ejemplo, que hemos publicado recientemente, evaluó una intervención multimodal con epigalocatequina galato en personas APOE-ε4 con quejas cognitivas subjetivas; es una línea muy prometedora, aunque aún no permite hacer recomendaciones terapéuticas generales.

¿Cuál es el porcentaje de participación de personas con síndrome de Down en los estudios sobre Alzheimer’; ¿Qué te gustaría comentar sobre este asunto?

El enorme avance en esperanza y calidad de vida en muchas personas con síndrome de Down, que viven hoy hasta edades mucho más avanzadas que hace unas décadas es una gran noticia, pero también nos obliga a investigar mejor el envejecimiento, la prevención del Alzheimer y los apoyos necesarios para una vida adulta larga, saludable y plena.

Sin embargo, nos cuesta un poco que las familias se impliquen. Es verdad que no hay un porcentaje global único y fiable de participación, porque depende del tipo de estudio y lógicamente la gente prefiere participar en ensayos farmacológicos que por ejemplo en estudios observacionales.

Lo decepcionante es que en los ensayos de muchas terapias para Alzheimer en población general, las personas con síndrome de Down han estado excluidas o infrarrepresentadas, pese a ser una de las poblaciones con mayor riesgo genético de Alzheimer. Algunas revisiones recientes señalan precisamente que las personas con síndrome de Down han sido excluidas de ensayos clave con terapias antiamiloide, argumentando las deficiencias inmunológicas que presentan. Esto es éticamente y científicamente problemático. Éticamente, porque no podemos dejar fuera a quienes más pueden necesitar respuestas. Científicamente, porque el síndrome de Down ofrece una ventana única para entender la evolución del Alzheimer desde fases muy tempranas.

La buena noticia es que esto está cambiando con iniciativas específicas como ABC-DS, diseñadas para estudiar biomarcadores, progresión y preparación para ensayos en síndrome de Down.

Aún así, el mensaje para las familias es que se impliquen en las investigaciones, y que consideren las donaciones de órganos, porque solamente con su ayuda y apoyo podremos comprender mejor el síndrome de Down y lograr descubrir tratamientos basadops en evidencia.

-¿Se están desarrollando estrategias específicas para prevenir o retrasar el Alzheimer en dicho colectivo?

Sí, aunque todavía estamos en una fase inicial. En el síndrome de Down, la prevención del Alzheimer no puede plantearse como una intervención única ni tardía: debe empezar antes de los síntomas, con seguimiento longitudinal, biomarcadores, evaluación cognitiva adaptada y una visión integral de salud a lo largo de la vida.

Una iniciativa clave es el proyecto NIH INCLUDE (INvestigation of Co-occurring conditions across the Lifespan to Understand Down syndromE), que promueve el estudio de las condiciones asociadas al síndrome de Down (las comorbilidades), entre ellas Alzheimer, autismo, cardiopatías congénitas, diabetes y otros problemas de salud.

INCLUDE tiene tres objetivos muy relevantes, impulsar investigación básica sobre el cromosoma 21, construir grandes cohortes de personas con síndrome de Down a lo largo de la vida, y promover ensayos clínicos realmente inclusivos, ya que muchas investigaciones sobre enfermedades frecuentes en este colectivo han excluido históricamente a las personas con síndrome de Down. Además, el INCLUDE Data Hub permite centralizar y compartir datos clínicos, multi-ómicos y bioespecímenes, facilitando que los investigadores puedan colaborar y responder preguntas complejas con mayor rapidez.

La prevención en este colectivo debe empezar antes de los síntomas y debe ser integral incorporabndo la salud cardiovascular, el sueño, la actividad física, la nutrición, la audición y visión, la estimulación cognitiva, salud mental, el control de epilepsia, el tratamiento de apnea del sueño y un seguimiento neurológico especializado. También necesitamos adaptar herramientas diagnósticas, porque el deterioro no se manifiesta igual en una persona con discapacidad intelectual previa que en la población general.

En personas con síndrome de Down, por ejemplo, el deterioro cognitivo no siempre se detecta con los tests convencionales. Por eso es fundamental evaluar cambios respecto a la línea basal de cada persona: lenguaje, conducta, autonomía, memoria funcional, sueño, estado de ánimo y habilidades de la vida diaria.

En este sentido, nuestro trabajo sobre fluencia verbal semántica en síndrome de Down muestra que patrones de lenguaje y fluencia pueden aportar información útil sobre el deterioro cognitivo y la demencia tipo Alzheimer, aunque deben interpretarse dentro de una evaluación global y adaptada, como el llamado NIH tool.

También necesitamos cohortes preparadas para ensayos preventivos y terapias adaptadas a esta población. El punto clave es que las personas con síndrome de Down no deben quedar fuera de la revolución actual en Alzheimer.

-¿Qué papel juegan las familias y el entorno en la detección temprana y el acompañamiento en estos casos?

Un papel absolutamente esencial. En personas con síndrome de Down, los primeros signos de Alzheimer no siempre son “fallos de memoria” evidentes. Pueden aparecer como cambios de conducta, apatía, pérdida de habilidades, desorientación, alteraciones del sueño, irritabilidad, retraimiento social o dificultades nuevas en tareas cotidianas.

Las familias, cuidadores y profesionales del entorno conocen el estado basal de la persona con síndrome de Down. Son quienes pueden detectar cambios sutiles.

Por eso, necesitamos formar al entorno, escuchar a las familias, hacer evaluaciones periódicas y no atribuir automáticamente cualquier cambio al síndrome de Down. También hay que descartar causas tratables: depresión, dolor, problemas tiroideos, apnea del sueño, pérdida auditiva o visual, efectos de medicación.

-¿Cuáles son hoy los principales retos a los que se enfrenta la investigación del cerebro en nuestro país?

El cerebro es el órgano más complejo y, por tanto es el que resulta más complicado de comprender, tanto en términos fisiológicos como patológicos. Sin embargo, paradójicamente, no siempre recibe una inversión proporcional a su impacto sanitario, social y económico.

Hay varios desafíos: financiación insuficiente y demasiado competitiva; burocracia; falta de continuidad para jóvenes investigadores; poca integración entre hospitales, centros de investigación, datos y atención social; y una brecha importante entre descubrimiento básico y aplicación clínica.

Además, en enfermedades como el Alzheimer necesitamos cohortes longitudinales, biomarcadores, participación de pacientes, diagnóstico temprano y ensayos clínicos inclusivos. En síndrome de Down, el reto es aún mayor porque hablamos de una población con alto riesgo, pero históricamente poco incluida en estudios terapéuticos.

-¿Cómo está influyendo la tecnología (IA, neuroimagen, big data) en el estudio del cerebro?

Está cambiándo el panorame de la investigación en neurociencia de forma realmente vertiginosa. La neuroimagen permite ver los cambios estructurales, determinar la conectividad, el metabolismo o la acumulación de proteínas patológicas.

El big data nos permite integrar datos clínicos, genéticos, cognitivos, de imagen, moleculares y de biomarcadores. Y la IA nos ayuda a detectar patrones que el ojo humano no es capaz de detectar, a predecir trayectorias de deterioro cognitivo o de respuesta a tratamiento, a construir modelos computacionales de estructuras neuronales, seleccionar mejor participantes para ensayos y personalizar intervenciones. Pero hay que decir que hoy por hoy, la tecnología no puede sustituir a la ciencia ni al pensamiento humano.

La IA es una herramienta poderosísima, pero necesita datos de calidad, diversidad, ética y validación clínica. Y sobre todo datos no sesgados. Y en neurociencial, el mayor desafío sigue estando dentro de nosotros: entender el cerebro es entender lo que nos hace humanos.

-¿Qué mensaje le daría a la sociedad sobre la importancia de invertir en investigación del cerebro?

Que invertir en cerebro no es un lujo: es invertir en memoria, lenguaje, autonomía, identidad, educación, salud mental, envejecimiento y dignidad. El cerebro sostiene todo lo que somos.

No hay futuro social ni económico sin salud cerebral.

‘Pedaleando por la inclusión’,  916 kilómetros por la inserción laboral de las personas con síndrome de Down

Falta un mes para que comience el reto solidario anual Marcha a Marcha de la empresa de transportes y logística Serveto para dar visibilidad a la inclusión laboral de las personas con síndrome de Down y discapacidad intelectual. También una acción solidaria para sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de generar más oportunidades de empleo para todos.

SERVETO es una gran empresa de Lleida, con fuerte vinculación con las personas con discapacidad intelectual y con muchos años de colaboración con DOWN LLEIDA, una de nuestras entidades federadas.

Bajo el lema “Pedaleando por la inclusión”, del 4 al 11 de julio, un grupo de ciclistas -empleados de Serveto- recorrerá 916 kilómetros entre San Sebastián y Lleida atravesando algunos de los paisajes más espectaculares de la cordillera pirenaica.

Durante ocho etapas, los ciclistas pondrán a prueba su resistencia y compromiso para colaborar con DOWN ESPAÑA y apoyar la inclusión laboral de las personas de nuestro colectivo.

Además de dar visibilidad a la inclusión laboral, el reto tiene un carácter solidario. Otro de los objetivos es animar a todas las personas que quieran apoyar a los ciclistas colaboren con una donación destinada a los programas de empleo inclusivo (empleo con apoyo) que favorecen la formación, la empleabilidad y la inclusión de las personas con síndrome de Down de nuestra Federación, a través de este enlace: https://marchaamarcha.com/

¿Cuando existen oportunidades, el talento llega tan lejos como se le permita avanzar!.

Ruta de Marcha a marcha 2026: Pedaleando por la inclusión

Día 1: San Sebastián – San Esteban de Baigorri
137 kilómetros · 3.400 metros de desnivel

Día 2: San Esteban de Baigorri – Ansó
121 kilómetros · 2.741 metros de desnivel

Día 3: Ansó – Canfranc
59 kilómetros · 1.471 metros de desnivel

Día 4: Canfranc – Argelès-Gazost
132 kilómetros · 3.000 metros de desnivel

Día 5: Argelès-Gazost – Saint-Lary-Soulan
90 kilómetros · 2.725 metros de desnivel

Día 6: Saint-Lary-Soulan – Vielha
83 kilómetros · 2.356 metros de desnivel

Día 7: Vielha – Andorra
143 kilómetros · 2.850 metros de desnivel

Día 8: Andorra – Lleida
151 kilómetros · 1.000 metros de desnivel

¡Mucho ánimo al equipo ciclista!

DOWN ESPAÑA forma a más de 130 personas con discapacidad intelectual en el uso de la IA para mejorar su empleabilidad

La Inteligencia Artificial es una herramienta diseñada para ayudarnos en multitud de tareas. Una de ellas es la de facilitar procesos de acceso a oportunidades laborales.

Por ello, desde DOWN ESPAÑA hemos desarrollado la acción formativa “Talleres de IA para la empleabilidad”, una iniciativa dirigida a personas con síndrome de Down u otra discapacidad intelectual participantes en los programas de empleo de nuestras asociaciones con el objetivo de acercar la inteligencia artificial generativa de forma práctica, accesible y orientada a la mejora de sus oportunidades laborales.

En palabras de Gema Benito, técnica de Programas de DOWN ESPAÑA, “con estos talleres queremos que las personas con síndrome de Down se acerquen a la inteligencia artificial de una forma sencilla, práctica y divertida”.

“Hoy en día, las competencias digitales son muy importantes para prepararse mejor de cara al empleo y desenvolverse con más seguridad en distintos entornos. Además, la IA tiene un componente creativo y lúdico que conecta muy bien con los participantes y hace que el aprendizaje sea más motivador. Queremos que descubran estas herramientas, pierdan el miedo a usarlas y vean que también pueden ayudarles a ganar autonomía, confianza y nuevas oportunidades en su camino hacia el empleo”, añade Benito.

La formación, enmarcada en el Programa de Inclusión Laboral Down y financiada a través del IRPF 2025-2026, se ha desarrollado entre los meses de febrero y mayo de 2026. En total, se han impartido 17 talleres con la participación de 138 personas de en 11 entidades federadas: ANDI DOWN SABADELL, FUNDACIÓN DOWN CASTELLÓN, DOWN TARRAGONA, FCSD, DOWN ÁVILA, FUNDABEM, DOWN SALAMANCA, DOWN ALMERÍA, DOWN GRANADA, DOWN CORUÑA y DOWN LUGO.

Los talleres han abordado diferentes usos de la IA aplicados a la búsqueda de empleo. Entre los contenidos trabajados se incluyen la mejora del currículum y la carta de presentación, la preparación de entrevistas laborales, la búsqueda de ofertas de empleo y autocandidaturas, así como el descubrimiento de talentos personales y profesionales con apoyo de herramientas digitales.

Cada entidad participante ha podido escoger el taller más adecuado en función de las necesidades, expectativas e intereses de las personas asistentes. De esta manera, la formación se ha adaptado a distintos perfiles y objetivos laborales, favoreciendo una experiencia práctica y útil para los procesos de inserción laboral.

Las sesiones han permitido a los alumnos familiarizarse con herramientas de IA generativa para redactar textos, preparar respuestas para entrevistas, comprender ofertas de empleo, elaborar mensajes de candidatura o identificar sus fortalezas personales. Además, se ha promovido una reflexión sobre el uso ético, responsable y estratégico de la inteligencia artificial en el ámbito laboral.

Los materiales formativos fueron desarrollados por la Fundación Somos F5, entidad encargada de impartir la formación presencial, siguiendo las directrices sobre necesidades educativas especiales facilitadas por profesionales de DOWN ESPAÑA y teniendo en cuenta los aprendizajes obtenidos en la edición de talleres de 2025.

N. Nieto: «El envejecimiento de las personas con síndrome de Down plantea retos y también nuevas oportunidades»

El aumento de la esperanza de vida de las personas con síndrome de Down -unos 63 años- plantea nuevos retos para las familias, los profesionales, las administraciones y la sociedad en su conjunto.

Para profundizar en esta cuestión, en el marco del mes de la concienciación del Alzheimer, hemos entrevistado a Nagore Nieto, coordinadora de la Red Nacional de Vida Adulta y Envejecimiento (RNVAE) de DOWN ESPAÑA y Directora de etapa adulta en DOWN PAÍS VASCO (Fundación SD del País Vasco), quien ha comentado algunas de las claves para comprender mejor esta etapa vital de las personas de nuestro colectivo.

“Es cierto que en las personas con síndrome de Down hay un envejecimiento prematuro en algunos órganos, mientras que otros no […] Su envejecimiento plantea retos a diferentes niveles y las soluciones o metas tiene que tomarse de manera integral y multidisciplinar. Uno de los retos es saber cómo aprovechar el hecho de contar con más años de vida y plantea una reorientación de sus ciclos vitales y de sus proyectos de vida con el fin de mantener su calidad de vida hasta el final”, ha afirmado Nieto.

Durante la entrevista, la experta ha explicado que el envejecimiento debe abordarse promoviendo la salud, la autonomía, la participación social y la toma de decisiones de cada persona.

“Esta nueva etapa también ofrece muchas oportunidades”.

Además, nuestra asesora en Vida adulta y envejecimiento ha destacado el papel fundamental de las familias y ha subrayado la necesidad de contar con información, recursos y apoyos que permitan a las familias planificar el futuro con tranquilidad y seguridad.

“Las familias se enfrentan a diferentes dificultades como la desinformación, la necesidad de contar con especialistas en esta etapa de edad madura, la falta de recursos que se adecúen al envejecimiento o el efecto eclipsador de la discapacidad y del Alzheimer, que, a veces, dificulta ver problemas de salud mental, por ejemplo”, ha señalado Nieto.

«Todos los recursos que puedan ir teniendo las familias va a hacer que esta etapa adulta sea más fácil».

Asimismo, la experta ha recordado que todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar una vida plena durante esta etapa y ha recomendado la guía «Cuidando de ti y de mí. Cuidar a persona con síndrome de Down y Alzheimer», disponible haciendo click aquí.

Descubre aquí entrevista completa:

El protocolo «Primera Noticia» de DOWN ESPAÑA impulsa una atención a familias más inclusiva y cercana

Ayer celebramos un nuevo webinario con nuestra asesora de Atención Temprana, Sonsoles Perpiñán, para presentar los recursos que hemos diseñado para que los profesionales sanitarios puedan acompañar a las familias de los bebés con síndrome de Down de la mejor manera.

El ‘Protocolo de Primera Noticia’, que cuenta con el apoyo de Fundación Inocente Inocente, dentro del proyecto “Acompañamiento a niños y adolescentes con síndrome de Down hospitalizados y a sus familias”, consta de materiales de acogida y recursos para ofrecer información, orientación y apoyo a las familias en momentos como la comunicación de la noticia del diagnóstico de síndrome de Down, el nacimiento o el ingreso hospitalario.

En palabras de Perpiñán: «Las familias, ante el diagnóstico se cuestionan su capacidad de atender adecuadamente las necesidades de su hijo, piensan que necesita muchas cosas, pero es importante transmitirles que por encima del síndrome de Down es un bebé y sus principales necesidades son de de cuidados y de afecto. En el primer momento será imprescindible, mirarle, balancearle, cantarle, aprender a conocerlo y disfrutar de su compañía».

Este proyecto de DOWN ESPAÑA permite avanzar en una atención más inclusiva y cercana para las personas con síndrome de Down y sus familias, a través de una información clara, actualizada y respetuosa.

Entre las principales acciones realizadas destacan la adquisición de cestas de bienvenida elaboradas por DOWN Ciudad Real, que se entregarán a familias de bebés recién nacidos con síndrome de Down, así como la reimpresión de los materiales de Primera Noticia y del material informativo “Síndrome de Down hoy”.

La iniciativa también ha contribuido a sensibilizar al ámbito sanitario sobre la importancia de comunicar el diagnóstico con empatía, claridad y respeto, promoviendo el uso del Protocolo de Primera Noticia como herramienta de referencia para profesionales y hospitales.

Además, el proyecto ha reforzado el trabajo de la Red Nacional de Atención Temprana, integrada por entidades de distintos territorios que permiten conectar a las familias con apoyos especializados y cercanos a su entorno.

Por último, en este vídeo, el director de Ginecología y Obstetricia de la Clínica de Navarra, Luis Chiva, y el director de Pediatría, José Manuel Moreno, explican la importancia de acompañar e informar correctamente a las familias en el momento de la noticia del diagnóstico del síndrome de Down.

Publicaciones recomendadas sobre Primer Noticia:

El síndrome de Down hoy, dirigida a familias y profesionales, disponible haciendo click aquí.

-Pruebas diagnósticas durante el embarazo, dirigida a familias, disponible haciendo click aquí.

-Protocolo Primer Noticia, dirigida a profesionales sanitarios, haz click aquí.

-Recomendaciones sobre Primera Noticia, dirigida a profesionales sanitarios, disponible aquí.

-Mis primeras preguntas, dirigida a familias, disponible haciendo click aquí.

Con este proyecto, DOWN ESPAÑA y Fundación Inocente Inocente refuerzan su compromiso con una atención más inclusiva, coordinada y centrada en las familias.

Webinario «La importancia de la Primera Noticia: cómo comunicar el diagnóstico»

Mara Dierssen: «La alimentación tiene un impacto clave en la salud cerebral»

Afortunadamente, cada vez contamos con más información sobre la importancia de la dieta para cuidar nuestra salud. Los beneficios que podemos obtener de una alimentación saludable son innumerables y, en el caso de las personas con síndrome de Down, todavía más, según demuestran los resultados del proyecto europeo GO-DS21.

Este estudio, en el que trabaja la neurobiología experta en síndrome de Down, Mara Dierssen, se centra en el metabolismo de las personas de nuestro colectivo y en los factores ambientales y de estrés social que afectan a su salud.

En el marco del Día Internacional de la Nutrición, entrevistamos a la investigadora Dierssen para saber más sobre las evidencias científicas relativas a los nutrientes y al deterioro cognitivo en personas con síndrome de Down.

-¿Qué impacto puede tener la alimentación en el desarrollo cognitivo y la salud cerebral de las personas con síndrome de Down a lo largo de las distintas etapas de la vida?

La alimentación tiene un impacto muy importante como una pieza clave para la salud en general y en concreto para la salud cerebral. En el síndrome de Down sabemos que existe un mayor riesgo de obesidad a partir de la adolescencia, así como una mayor frecuencia de alteraciones metabólicas, resistencia a la insulina, problemas tiroideos, inflamación de bajo grado y alteraciones gastrointestinales. Todos estos factores pueden influir directa o indirectamente en el desarrollo cognitivo, la energía, el sueño y, a largo plazo, en la vulnerabilidad frente al deterioro cognitivo.

En nuestros estudios preclínicos hemos observado precisamente una relación entre obesidad y alteraciones cognitivas en modelos de síndrome de Down, una asociación que también se ha descrito en estudios en humanos. Esto sugiere que el metabolismo no puede separarse del funcionamiento cerebral.

Lo que ocurre en el cuerpo, el peso, la inflamación, el componente lipídico, el sueño, también puede modular la función cerebral. Además, en el contexto del proyecto europeo GO-DS21, liderado por el Dr. Yann Herault, hemos estudiado cómo factores ambientales y de estrés social pueden influir en este riesgo.

Un aspecto especialmente relevante es que el estrés social puede incrementar el riesgo de obesidad, lo que añade otro elemento de complejidad, porque no hablamos solo de dieta o de voluntad individual, sino de entorno, apoyo, inclusión, rutinas, salud emocional y condiciones de vida. Por eso, en personas con síndrome de Down, igual que en la población general, cuidar la alimentación significa también cuidar el cerebro.

Una dieta equilibrada, junto con actividad física, buen sueño, seguimiento médico y un entorno emocionalmente seguro, puede ayudar a mejorar la salud metabólica, favorecer la autonomía y contribuir a una mejor calidad de vida a lo largo de todas las etapas.

En el contexto del proyecto europeo GO-DS21 hemos analizado cómo influyen la alimentación, la actividad física y el entorno familiar en el riesgo de obesidad en personas con síndrome de Down.

En una encuesta europea a 764 cuidadores, vimos que aunque los cuidadores conocían bien el papel del azúcar en la obesidad, muchos desconocían la relación entre grasa abdominal y salud cerebral, algo muy relevante en una población con mayor riesgo de deterioro cognitivo y Alzheimer.

La obesidad en síndrome de Down no es solo una cuestión de dieta o voluntad individual. Es un fenómeno multifactorial que implica metabolismo, hábitos, edad, sexo, salud cerebral, entorno familiar y apoyo profesional. Por eso necesitamos intervenciones personalizadas, familiares y no estigmatizantes.

-¿Existen nutrientes o patrones alimentarios que hayan demostrado ser especialmente beneficiosos para prevenir o retrasar el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento en personas con síndrome de Down?

La evidencia específica sobre nutrientes y deterioro cognitivo en personas con síndrome de Down todavía es limitada, así que conviene ser prudentes. No hablaría de un “nutriente milagro”, sino de un patrón de alimentación saludable mantenido en el tiempo, adaptado a cada persona y combinado con actividad física, sueño, seguimiento médico y estimulación cognitiva.

En general, los patrones más recomendables son los que se aproximan a la dieta mediterránea: frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado, aceite de oliva, frutos secos cuando sean adecuados, proteínas de calidad y reducción de ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas poco saludables.

Esto es especialmente importante en síndrome de Down porque existe un mayor riesgo de obesidad que puede repercutir en la salud cerebral. También hay interés en nutrientes y compuestos relacionados con el estrés oxidativo que como sabemos está incrementado en síndrome de Down así como la inflamación, y en compuestos que podrían favorecer la plasticidad sináptica. Entre ellos omega-3, vitaminas del grupo B, vitamina D, antioxidantes, polifenoles y compuestos como la epigalocatequina galato, EGCG. En síndrome de Down, hemos dfeterminado que la EGCG tiene efecto sobre vías relacionadas con DYRK1A, plasticidad cerebral y función cognitiva, aunque no debe administrarse sin supervisión médica.

Sin embargo, no se debe suplementar de forma indiscriminada, sino identificar déficits, optimizar el patrón dietético y evaluar intervenciones con ensayos bien diseñados.

Por tanto, mi mensaje sería que cuidar la nutrición en síndrome de Down es cuidar también el cerebro. Pero debemos evitar promesas simplistas. La estrategia más sólida es una alimentación saludable, individualizada y sostenida, integrada en un plan más amplio de salud metabólica, prevención del deterioro cognitivo y calidad de vida.

En concreto, ¿qué papel puede jugar la alimentación en la prevención o reducción del riesgo de Alzheimer?

La alimentación puede ayudar a reducir factores de riesgo que influyen en la salud cerebral: la obesidad, la resistencia a la insulina, la hipertensión, la inflamación, la dislipemia y la enfermedad vascular. Pero no podemos decir que una dieta prevenga por sí sola el Alzheimer, y menos su aparición en el síndrome de Down, donde hay un componente genético muy potente por la triplicación del cromosoma 21 y en concreto de varios genes, entre los que destaca el gen APP.

Pero sí podemos decir que una buena alimentación forma parte de una estrategia de resiliencia cerebral. En Alzheimer, probablemente no habrá una sola bala mágica: necesitaremos prevención temprana, hábitos saludables, biomarcadores, terapias dirigidas y acompañamiento social.

El estudio PENSA en población de riesgo de Alzheimer exploró EGCG combinado con intervención multimodal, lo que refuerza la idea de que el futuro probablemente esté en combinar hábitos, biomarcadores y prevención personalizada.

-¿Qué hábitos cotidianos —más allá de la alimentación— consideras fundamentales para cuidar el cerebro y favorecer una buena calidad de vida en las personas con síndrome de Down?

Más allá de la alimentación, diría que hay cinco pilares fundamentales para cuidar el cerebro y favorecer una buena calidad de vida en personas con síndrome de Down: actividad física, sueño, vínculos sociales, estimulación cognitiva y seguimiento médico preventivo.

La actividad física es probablemente uno de los hábitos más importantes. No solo ayuda a prevenir obesidad, resistencia a la insulina y problemas cardiovasculares, sino que también puede mejorar fuerza, equilibrio, coordinación, autonomía funcional, estado de ánimo y participación social.

El ejercicio físico en personas con síndrome de Down debe entenderse como una intervención de salud global, no solo como una herramienta para controlar el peso. Los programas más útiles suelen combinar ejercicio aeróbico, fuerza, equilibrio y actividades adaptadas, sostenidas en el tiempo y ajustadas a las capacidades de cada persona.

En la encuesta que realizamos en el proyecto GO-DS21 observamos también que la actividad física de las personas con síndrome de Down estaba muy relacionada con la de sus cuidadores. Cuando el entorno familiar era más activo, ellos también lo eran.

Además, los cuidadores preferían claramente el ejercicio como estrategia principal frente a fármacos, ayuno o sustitutos de comidas.

El sueño es otro eje crítico. La apnea obstructiva del sueño es frecuente en síndrome de Down y puede afectar a la atención, la conducta, el aprendizaje y la calidad de vida. Por eso conviene detectarla y tratarla de forma activa.

También son esenciales los vínculos sociales, la inclusión y la estimulación cognitiva cotidiana. Conversar, leer, escuchar música, participar en actividades artísticas, aprender nuevas habilidades, mantener rutinas con sentido y favorecer la autonomía.

Finalmente, el seguimiento médico preventivo es clave: audición, visión, tiroides, salud cardiovascular, epilepsia, salud mental, dolor, medicación y signos tempranos de deterioro cognitivo.

En personas con síndrome de Down, pequeños cambios en conducta, sueño, autonomía o participación pueden ser señales muy importantes. En resumen, cuidar el cerebro no significa solo prevenir enfermedad, significa crear las condiciones para una vida activa y saludable.

Desde DOWN ESPAÑA, recomendamos la guía ‘Hábitos saludables en familia’ , disponible haciendo click aquí.

Avelina Alía, fiscal:  «La invisibilidad e impunidad de los delitos que sufren las personas con discapacidad exigen una respuesta urgente»

La garantía del cumplimiento de los derechos de las personas con síndrome de Down es uno de los asuntos clave para nuestra Federación. Por ello, y con el objetivo de defender los derechos de las personas de nuestro colectivo, en DOWN ESPAÑA trabajamos con numerosos colegios profesionales y expertos en la legislación relativa a la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad para conocer y ofrecer información veraz y actualizada y reivindicar, en caso necesario, las modificaciones normativas correspondientes.

Hoy, entrevistamos a la fiscal adscrita a la Unidad de Personas con Discapacidad y Mayores de la Fiscalía General del Estado, Avelina Alía, en relación al informe que ha publicado sobre la “Victimización e infradenuncia en personas con discapacidad: la invisibilidad causada por la falta de datos”.

El documento señala que en España sigue existiendo una gran invisibilidad estadística sobre la victimización de las personas con discapacidad, lo que impide conocer bien la magnitud del problema y diseñar políticas públicas eficaces. Además, indica que esta falta de datos afecta especialmente a las personas con discapacidad intelectual.

Por ello, desde la Federación, reclamamos mejores sistemas de recogida de datos, indicadores específicos por tipo de discapacidad, más formación en el sistema judicial y apoyos especializados, especialmente psicológicos, para que las víctimas puedan ser escuchadas, protegidas y acompañadas adecuadamente.

¿Cuáles son las claves que desvela este análisis?

Hablaríamos de tres ideas clave interrelacionadas entre sí:

La primera es que se constata la existencia de una invisibilidad estructural de los delitos que sufren las personas con discapacidad por falta de datos fiables. Además, las pocas cifras disponibles son fragmentarias y no reflejan la diversidad del colectivo, especialmente en función del tipo de discapacidad.

Esto incumple directamente el mandato del artículo 31 de la Convención y tiene una consecuencia real: no es posible conocer la verdadera dimensión del problema ni, en consecuencia, diseñar respuestas eficaces.

La segunda clave es que los datos examinados tanto a nivel nacional como internacional apuntan, sin excepción, a una sobrerrepresentación de las víctimas con discapacidad intelectual en las distintas tipologías delictivas. Es decir, estas personas sufren o tienen mayor riesgo de sufrir más delitos que el resto de la población.

La tercera es que también se detecta una tasa más elevada de infradenuncia en este colectivo, lo que significa que no solo sufren más delitos, sino que además denuncian menos.

Todo ello genera un círculo muy preocupante de invisibilidad, impunidad y desprotección que exige una respuesta urgente, estructural y basada en datos rigurosos.

-El artículo habla de la invisibilidad de las víctimas con discapacidad en referencia a varios tipos de delitos. ¿Por qué es especialmente grave esta falta de datos en el caso de las personas con síndrome de Down o discapacidad intelectual?

La falta de datos en España impide conocer la realidad que está afectando a las personas con discapacidad en general como víctimas de delitos. Pero el artículo subraya la necesidad de que los estudios, los análisis estadísticos e informes distingan por tipos de discapacidad y atiendan a las diferentes tipologías delictivas.

A mi modo de ver, es importante señalar que los problemas y las necesidades no son homogéneos, sino que varían según se trate de una discapacidad física, sensorial, mental o intelectual. Por tanto, se deben considerar aquellos factores que inciden específicamente en las personas con discapacidad intelectual, como son las personas con síndrome de Down, para poder responder adecuadamente.

Por poner un ejemplo, actualmente no conocemos si en nuestro país las personas con discapacidad intelectual sufren más delitos de acoso que la población sin discapacidad y en qué proporción, en su caso. A pesar de ello, todo apunta a que es así, en base a algunos estudios nacionales e internacionales que se recogen en el trabajo.

– ¿Qué consecuencias pueden derivar de ello?

Las consecuencias son múltiples y de distinto signo, pero todas contribuyen a que no seamos capaces de conocer qué tipo de victimización están sufriendo las personas con síndrome de Down, es decir, respecto de qué delitos son especialmente vulnerables; o qué personas actúan como sus principales victimarios; ni qué entornos pueden ser los más comprometidos para ellas (digital, familiar, laboral…); o si afecta de distinta manera a mujeres, hombres o niños y niñas.

Por tanto, este desconocimiento impide conocer dónde hay que poner el foco y acertar con las estrategias que nos permitan conjurar posibles riesgos o peligros. Y esto implica que estamos dejando espacios para la revictimización y para la impunidad que, como sociedad, no podemos permitir. Además, las víctimas, pese a serlo, no recibirán los apoyos o servicios necesarios y especializados para superar el trauma que provoca haber sufrido un delito, lo que incidirá negativamente en su bienestar y en el de su entorno. La víctima necesita superar cuanto antes los daños que todo delito acarrea.

En definitiva, la falta de datos no es solo un problema estadístico: tiene un impacto directo en la protección real de los derechos y en la vida de las víctimas.

-El texto señala que muchas víctimas no denuncian. En el caso de las personas con síndrome de Down, ¿qué barreras pueden dificultar que cuenten lo que les ha ocurrido?

En el caso de las personas con síndrome de Down, y de las personas con discapacidad intelectual en general, el artículo explica que la infradenuncia —es decir, que no se decidan a denunciar,— se debe a una combinación de factores.

Las carencias en la educación afectivo‑sexual puede propiciar que no se reconozcan como víctimas de una agresión sexual. Las dificultades para entender o hacerse entender pueden disuadirles de acudir ante las autoridades a denunciar los hechos por miedo a no ser creídas. La normalización en su vida de conductas estigmatizantes no favorece que se vean como víctimas de un delito de odio o discriminación. La falta de conocimiento de sus derechos incidirá en que desistan de denunciar.

En el informe menciono otras causas que inciden en este fenómeno, partiendo de dos estudios: el del Vera Institute of Justice (2017) y del estudio de Liber (2023). Entre ellas destacan: la percepción de que el silencio es más seguro; el temor a consecuencias negativas, como mayor control o pérdida de autonomía; la desconfianza en el sistema de justicia y la percepción de que la denuncia no llevará a ninguna acción, entre otras.

-El artículo menciona que algunas personas pueden tener dificultades para reconocerse como víctimas, ¿Cómo se puede trabajar esta cuestión desde la prevención y la formación?

En mi opinión es muy importante proporcionar información y formar a las personas con síndrome de Down. Lógicamente, la formación debe estar adaptada a sus características individuales. Con ello se pretende que sean capaces, entre otras cosas, de: i) detectar a sus posibles victimarios; ii) identificar puntos seguros y espacios de confidencialidad donde poder contar lo sucedido; iii) ser conscientes de cuándo sufren o pueden sufrir un abuso, un maltrato o una discriminación; iv) conocer las consecuencias de su silencio; v) o, cómo denunciar. Y, atendiendo a determinadas tipologías delictivas de gran impacto para la persona, como pueden ser las agresiones sexuales, conviene subrayar la importancia de la educación afectivo-sexual adecuada y aprender a decir “no”.

Es, igualmente, necesaria la información y formación de las familias, educadores y profesionales para que sepan reconocer signos de alerta sobre una situación de riesgo o de un delito sufrido y poder ayudarles adecuadamente.

-En muchos casos, el agresor puede ser una persona conocida o alguien de quien la víctima depende. ¿Cómo afecta esa relación de dependencia a la posibilidad de denunciar?

Cuando la víctima depende de los cuidados del victimario, es muy difícil que denuncie por sí misma, sobre todo si no tiene otras personas de referencia. En ocasiones también sucede que sienten que “deben algo” a su cuidador y, por ello, no quieren hacer nada que pueda dañarles por un malentendido vínculo afectivo con él. También pueden sentir el miedo de ser institucionalizados ante las medidas penales que pudieran imponerse a la persona cuidadora.

Asimismo, debe tenerse en cuenta que, en ocasiones, el círculo social de la persona con discapacidad es limitado y les cuesta mucho denunciar al que se finge amigo, por no sentir la soledad.

¿Qué cambios necesita el sistema judicial respecto a los delitos sufridos por personas con discapacidad intelectual?

Es fundamental que se facilite el acceso a la justicia de las personas con discapacidad, porque este actúa como presupuesto necesario para el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva.

En los últimos años se observa una preocupación creciente por parte de los profesionales, autoridades y funcionarios que intervienen en el sistema de justicia por atender y adaptarse a las necesidades de la persona con discapacidad.

Aunque el proceso es largo y queda mucho camino por recorrer, quiero reseñar los avances en sensibilización y las iniciativas en materia de formación para poder garantizar que las personas con discapacidad participen en la Administración de Justicia en condiciones de igualdad con los demás y puedan percibirla como lo que debe ser: el lugar donde se les haga justicia.

Actualmente, la policía y los tribunales cuentan con documentos que informan a las víctimas de sus derechos en lectura fácil o se procura que sus declaraciones se hagan en espacios adaptados para que puedan sentirse más seguras. Es decir, se ha tomado conciencia de las barreras que supone para las víctimas con discapacidad intelectual desenvolverse en un entorno judicial y se están implementando ajustes, adaptaciones para hacer que su paso por ella no implique una victimización añadida a la que el delito en sí mismo provoca.

En la web de DOWN ESPAÑA, puedes encontrar documentos prácticos para la defensa de los derechos de las personas con discapacidad, como la ‘Guía contra la violencia machista‘, disponible haciendo click aquí, o la ‘Guía salud y sexualidad son tus derechos‘, aquí.

¿Jubilarme? No puedo, gracias.

Durante años, una parte importante de las acciones de inclusión social en torno al síndrome de Down se han centrado, y con razón, en abrir las puertas del empleo ordinario. Familias, entidades de lo social y profesionales han trabajado para demostrar a las empresas y, por qué no decirlo, a las administraciones públicas, algo que hoy ya debería resultar evidente: las personas con síndrome de Down pueden tener un desempeño laboral real, estable y valioso dentro de entornos ordinarios de trabajo cuando se les ofrecen oportunidades, apoyos adecuados y un interés por darle valor a la inclusión.

Y lo cierto es que se han producido avances importantes. Hace apenas unas décadas, pensar en personas con síndrome de Down trabajando en empresas ordinarias de manera estable era una entelequia. Hoy, afortunadamente, aunque ciertamente queda mucho por hacer, podemos hablar de personas que llevan años formando parte de plantillas, sosteniendo rutinas laborales, generando vínculos en las plantillas y participando de manera activa en la vida económica y social de sus comunidades. Ese avance no ha sido casual. Ha requerido mucho trabajo, mucha pedagogía y también una transformación progresiva de la mirada social hacia la discapacidad.

Sin embargo, precisamente ahora que comenzamos a hablar de inclusión laboral plena de las personas con síndrome de Down y discapacidad intelectual, empieza a aparecer una realidad que nos preocupa profundamente. Una realidad emergente, compleja y todavía poco abordada: qué ocurre cuando esas personas envejecen dentro del mercado laboral y ya no pueden sostener determinadas exigencias laborales del mismo modo que años atrás.

Porque la inclusión laboral no termina cuando una persona firma un contrato. De hecho, quizá ahí es donde empieza el camino más difícil. Lo difícil es el mantenimiento del empleo, el mantenimiento de esa práctica laboral que implica hacer uso de competencias transversales sumadas a cualidades personales fundamentales tales como la motivación, la resiliencia y el compromiso; todo ello orientado a ser un buen trabajador y defender el puesto de trabajo con la satisfacción que esto conlleva.

El síndrome de Down lleva asociado, un proceso de envejecimiento precoz que no va a encajar en el marco tradicional desde el que el sistema analiza la discapacidad en su conjunto, el empleo o la jubilación. Con el paso del tiempo va a aparecer una involución cognitiva, pérdida de agilidad en determinados procesos, cambios conductuales o limitaciones funcionales que afectan directamente al desempeño laboral. No se trata de una falta de compromiso con el trabajo. Tampoco de desmotivación. Mucho menos de incapacidad repentina. Se trata, simplemente, de una evolución vital y funcional que forma parte, hoy en día, de la realidad de muchas personas con síndrome de Down.

Y ahí es donde empieza a hacerse visible un vacío importante del sistema.

Durante años hemos trabajado para favorecer el acceso al empleo (aún falta mucho por conseguir, pero éste es otro tema), pero apenas hemos reflexionado sobre cómo sostener de manera digna el final de esas vidas laborales. En cierto modo, nos hemos orientado mucho a abrir la puerta de entrada al mercado laboral y muy poco la puerta de salida.

Esta situación, nos lleva a reflexionar ahora en que hemos dedicado gran esfuerzo en avanzar en inclusión laboral pero no hemos resuelto cómo acompañar el envejecimiento laboral de este colectivo. Porque acceder al empleo y mantenerse en él durante décadas no son exactamente el mismo desafío. Hay personas con síndrome de Down que comienzan a experimentar un deterioro progresivo mientras continúan vinculadas laboralmente a empresas ordinarias en las que llevan años trabajando. Esto ya es una realidad.

Y en la misma realidad, nos encontramos con que, en la mayoría de los casos, no cumplen los requisitos exigidos para acceder a fórmulas de jubilación anticipada. Tampoco existe una incapacidad reconocida en los términos que contempla el sistema. Mientras tanto, el día a día se sigue dando: el ritmo laboral se vuelve más difícil de sostener, las tareas se tornan más complicadas y el desgaste empieza a hacerse evidente para todos.

Y en medio de todo eso aparece también otra realidad de la que se habla poco: la de las propias empresas.

Porque muchas empresas que han apostado de forma sincera por la inclusión laboral no se encuentran ante un conflicto laboral clásico. No hay mala praxis empresarial. No existe falta de voluntad por parte de la persona trabajadora. No hay un problema disciplinario. Lo que aparece es una situación humana y laboral compleja para la que el sistema apenas ofrece respuestas claras.

¿Qué debe hacer una empresa cuando una persona con síndrome de Down, después de quince o veinte años trabajando, empieza a no poder sostener determinadas exigencias derivadas de su puesto? ¿A qué puerta debe llamar para exponer esta situación? ¿Debe mantener situaciones que generan sufrimiento y frustración tanto en la persona como en el entorno laboral? ¿Debe acabar resolviendo la situación mediante un despido? Y, sobre todo, ¿tiene sentido que toda la responsabilidad recaiga sobre la relación laboral cuando el origen real del problema está en la falta de adaptación del sistema de protección social a esta realidad?

Son preguntas incómodas, sí. Pero precisamente por eso conviene empezar a plantearlas.

Reflexionemos de nuevo ahora…Entendemos la inclusión laboral como una carrera al acceso al empleo, entendiendo que el éxito viene dado por conseguir contratos (y  no podemos sino que congratularnos por ello, pues es el derecho que les corresponde). Sin embargo, una inclusión madura debería ser capaz de orientarse a la sostenibilidad de esas trayectorias laborales en condiciones de igualdad con el resto de la población y en cómo acompañar dignamente, y en otros espacios, el momento en que continuar trabajando deja de ser viable.

Porque mantener artificialmente determinadas situaciones laborales tampoco debería considerarse inclusión.

Y quizá ahí convendría empezar a cambiar también la manera en que entendemos la jubilación anticipada en este contexto para el colectivo de personas con síndrome de Down. No como una medida de protección asistencialista ante el deterioro precoz, sino como una herramienta de dignidad, coherencia y continuidad del propio modelo inclusivo por el que tanto estamos luchando. Una forma de reconocer que hay trayectorias laborales que han existido, que han aportado valor a nuestra sociedad y que merecen también -en el momento adecuado- un final acompañado, razonado y razonable.

En el fondo, esta orientación habla de algo mucho más amplio que una cuestión normativa o administrativa. Habla de cómo entendemos realmente la inclusión. Habla de si estamos construyendo modelos pensados para las personas o nos estamos perdiendo en sistemas encorsetados que se nos ofrecen, porque es lo que hay, sin pensar en la imperante necesidad  de un cambio ante su inoperancia en estos casos.

España está avanzando hacia la inclusión laboral, se lucha por ello al menos. Pero quizá ha llegado el momento de asumir que el propio éxito de ese avance nos obliga ahora a afrontar nuevos desafíos que hace años ni siquiera podíamos imaginar. Porque hoy ya no hablamos solo de acceder al empleo. Empezamos también a hablar de cómo envejecer con dignidad dentro de él.

Y tal vez el verdadero nivel de madurez de una sociedad inclusiva no se mida únicamente por su capacidad para abrir la puerta de entrada al trabajo, sino también por cómo acompaña, con humanidad y coherencia, el momento en que algunas personas necesitan empezar a salir de él.

Irene Molina Jover

Coordinadora de la RNECA de DOWN ESPAÑA

A. Rodríguez: «La disciplina positiva, otra forma de entender la educación desde la conexión, el vínculo y la confianza»

Ayer celebramos el webinario «Disciplina positiva para acompañar a nuestros hijos en el camino hacia la independencia» en el que nuestra asesora en Educación Inclusiva, Ana Belén Rodríguez, ofreció a las familias asistentes consejos clave sobre la crianza y la educación en inclusión.

En este espacio, pensado para ayudar a las familias a sentirse más seguras, comprendidas e inspiradas, la experta explicó que “hay otra forma de entender la educación desde la conexión, el vínculo y la confianza en las capacidades de nuestros hijos”.

“Acompañar no es hacer el camino, sino caminar a su lado. En esta sesión, vamos a ver herramientas para que vuestros hijos e hijas tengan oportunidades para aprender y crecer consiguiendo esa meta de autonomía e independencia”, añadió Rodríguez antes de comenzar su exposición.

¿Cuáles son los recursos que suelen utilizar las familias para conseguir que sus hijos hagan lo que deben? Rodríguez indicó las diferencias entre el tipo de herramientas que fomentan la autonomía y habilidades y aquellas que solo generan control basado en el miedo y la obediencia.

“La disciplina positiva es enseñar y aprender juntos, con calma, conexión y el ejemplo.  Cuando vemos que la disciplina no consiste en controlar, sino en enseñar habilidades para la vida, es cuando empieza una educación consciente y efectiva a largo plazo”, aseguró la experta.

Para explicar este tipo de enseñanza, Rodríguez indicó multitud de ejemplos y, con ellos, la metodología más adecuada para educar en positivo. “Se trata de un camino que se estructura con tres herramientas: las expectativas, la conexión y las normas y límites”, aclaró.

En esta línea, Rodríguez destacó que la disciplina positiva no significa «ausencia de límites», porque las normas son muy necesarias, «enseñan y dan seguridad».

Antes de finalizar, como conclusión final, nuestra asesora en Educación explicó la relación entre educación y gestión emocional como factores de prevención y protección de la salud mental..

Conferencia completa:

Nuestra asesora ha creado junto a DOWN ESPAÑA una plataforma de recursos para docentes y también para familias llamada ‘Disciplina positiva’. Más información y acceso a la herramienta, aquí.

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