‘Proyecto Erasmus’, un programa para fomentar la educación inclusiva en Europa

El ámbito de la educación inclusiva está viviendo toda una revolución, tanto en España, como en Europa y un ejemplo de ello, es el programa ‘Erasmus’ creado por un equipo de profesionales de la educación de Francia.

Lo destacable de este proyecto es el aprendizaje que supondrá a nivel internacional en este ámbito, pues las experiencias compartidas y las conclusiones extraídas ayudarán a evolucionar la educación inclusiva en muchos países europeos. Afortunadamente, la situación general se está encaminando hacia la transformación del sistema educativo en dicha línea, de acuerdo con la Convención sobre los Derechos de las personas con discapacidad de las Naciones Unidas.

Este programa ‘Erasmus’ consiste en un intercambio en el que varios expertos en enseñanza de Francia visitan centros educativos inclusivos de varios países europeos y viceversa con el fin de valorar las diferentes realidades, prácticas y dificultades de la inclusión de alumnos con discapacidad.

Este proyecto cuenta con la participación de 41 asociaciones y centros educativos de Alemania, España, Luxemburgo, Suecia, Italia e Irlanda. Los grupos de profesionales europeos pasan una semana inmersos en las aulas de colegios donde se trabaja la inclusión. Durante dicho periodo, obtendrán la información necesaria para elaborar un informe final que previsiblemente, será presentado en noviembre de este año.

Tal y como explica en una entrevista a DOWN ESPAÑA Nathanaël Raballand, director del colegio EREA Jen d’Orbestier y precursor del proyecto, «los profesionales extraerán una visión general para compartir con todos los centros en Francia y los participantes de este proyecto a nivel europeo y así aprender de ello».

Intercambio en España

Actualmente, Raballand se encuentra de intercambio en España, junto con sus compañeros Audrey Blaise, directora del colegio Robert Schuman y Cyril Delacote, director del instituto François Truffaut. «El proyecto está obteniendo ya sus logros», nos cuenta. Este trío de profesionales ha visitado el Instituto Pinares de Pedrajas, el Colegio Sagrada Familia (Jesuitinas) y el Colegio Lestonnac de Valladolid y el Colegio Cardenal Spínola de Madrid, los cuales apuestan por la educación inclusiva.

«Hemos visto cuatro entornos diferentes de los que hemos cogido muchas ideas para colegios de Francia. Además, estamos muy contentos con las reuniones que hemos mantenido con DOWN ESPAÑA, DOWN VALLADOLID y el CERMI. Nos han ayudado a tener una visión más amplia de inclusión, no solo a nivel escolar», comenta Raballand, que también es el presidente de la federación Trisomie 21 France.

Aprendizaje mutuo

Lo mejor de esta experiencia es el intercambio de conocimientos y prácticas analizadas, pues ayudará a una generalización de la educación inclusiva en Europa. De hecho, Raballand ha querido destacar dos ejemplos sobre la sinergia entre Francia y España en el ámbito de la inclusión educativa.

Por un lado, el experto francés explica que en Francia existe un equipo oficial de seguimiento de la escolarización. Es un grupo de expertos que se concentra una vez al año para analizar un caso de alumno con discapacidad en un colegio ordinario. Para ello, se reúnen con expertos, el alumno, su familia, tutores y profesores para que describan su trayectoria escolar. Este estudio, en palabras de Raballand, «permite elaborar un informe y enviarlo a la ‘Casa de las personas con discapacidad’, que después una comisión de 30 personas confirman la inclusión del alumno y la valoran. El fin es revisar si son necesarios cambios, ayudas complementaria o el paso a la educación especial». «Me parece una acción que en España se podría tomar como modelo«, apunta.

Para finalizar, Raballand destaca que en España tenemos la figura de los PT, «profesionales especializados que intervienen en los colegios para la inclusión de los alumnos con discapacidad intelectual». «Estos profesionales no solo ayudan al alumno, sino también al centro escolar. Estaría muy bien poder implantar esto en Francia», añade.

El abogado Juan Rodriguez Zapatero analiza la evolución del derecho a la educación inclusiva en España

La educación inclusiva ha suscitado un intenso debate en los últimos meses entre quienes la defienden a ultranza y quienes no están a favor de ella. Pero la auténtica discrepancia se da a unos niveles de profundidad algo mayores. Está entre quienes creen que la educación inclusiva es un ideal, algo que, con recursos, medios, voluntad del profesorado y empeño de las familias podría funcionar, y entre quienes piensan que la educación inclusiva es un derecho irrenunciable de las personas con discapacidad, con independencia de si existen los recursos, las voluntades y los medios.

Se trata de valorar si consideramos la educación inclusiva como un derecho de cualquier persona con discapacidad o no. Porque si es un derecho, no cabe más opción que defenderlo, pues de lo contrario, estaríamos incurriendo en una discriminación hacia una persona con discapacidad. Esto sería entonces una discriminación equiparable a las que sufren las personas con discapacidad en otros ámbitos de la vida y en contra de las cuales, asociaciones y familias se manifiestan cada vez que ocurren.

Más allá de las consideraciones particulares que cada persona pueda hacer, está la doctrina jurídica. Los tribunales españoles negaron, en el pasado, sistemáticamente y en multitud de sentencias, el derecho a la educación inclusiva de los niños con discapacidad. Afortunadamente, las cosas han cambiado. Y lo han hecho, como no podía ser de otra forma, hacia el reconocimiento del derecho a la educación inclusiva de las personas con discapacidad.

Varias sentencias de diferentes tribunales de justicia han reconocido parcialmente el derecho a la educación inclusiva en los últimos años. Sin embargo, el punto de inflexión ha sido la trascendente sentencia del Tribunal Supremo del 14 de diciembre de 2017. ¿Qué ha supuesto esta sentencia para la educación inclusiva en España?

Juan Rodriguez Zapatero, abogado y experto en asuntos jurídicos sobre discapacidad y, en especial, sobre educación inclusiva, analiza en detalle los pronunciamientos de juzgados y tribunales y nos da las claves del enorme cambio que ha supuesto la sentencia del Supremo en relación a la educación inclusiva en España.

En el documento “La doctrina jurisprudencial sobre el derecho a la educación inclusiva: evolución. La sentencia del Tribunal Supremo de 14 de diciembre de 2017” (disponible al hacer click), el letrado repasa, una a una, las sentencias que han ido trazando la jurisprudencia actual hasta llegar a la sentencia clave del Supremo. Un repaso imprescindible que se convierte casi en un tratado y una herramienta que toda familia debe conocer para asegurar el cumplimiento del derecho de su hijo a una educación inclusiva.

Los antecedentes: sentencias contra la discriminación

La primera sentencia que señala Rodríguez Zapatero como punto de inflexión, tiene lugar el 27 de enero de 2014, cuando el Tribunal Constitucional resuelve el caso de un menor que presentaba un grado de autismo y que por ello fue excluido del sistema de educación ordinario.
Entonces, el Tribunal decide abogar por la educación de las personas con discapacidad como derecho fundamental, dejando claro en su sentencia que “la educación ha de ser inclusiva y que ello es la norma general, de tal manera que siendo la excepción la escolarización en centros de educación especial y justamente porque están en juego derechos fundamentales, se exige una motivación que acredite que sea inviable la integración de un menor con discapacidad en un centro ordinario”.

A partir de entonces, y teniendo en cuenta la sentencia como un pronunciamiento en favor de la educación inclusiva de las personas con discapacidad, el resto de fallos sobre esta materia de los Tribunales Superiores de Justicia se han centrado en defender dicho principio, así como los apoyos y ajustes razonables que deben efectuar las Administraciones educativas a los alumnos que presenten algún tipo de discapacidad.

Por primera vez, se entra también en el análisis y en el enjuiciamiento valorativo de los contenidos de los informes psicopedagógicos, dictamen de escolarización y otros informes (que en los años anteriores se habían convertido en el instrumento fundamental para la derivación a centros de educación especial), emitidos por las Administraciones educativas. Se toman también en consideración los informes periciales y otra documentación aportada por los padres.

La trascendente sentencia del Supremo

El Tribunal Supremo rechaza en diciembre de 2017, un recurso que interpone la Comunidad Autónoma de La Rioja referido a un niño con autismo al que querían derivar a un centro de educación especial (la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja estimó el recurso de los padres declarando el derecho del menor a una educación inclusiva).

Esta última sentencia se considera trascendente por la definición definitiva de la educación inclusiva como un derecho fundamental, de mismo modo que las consecuencias jurídicas que ello conlleva. Además, gracias a ella, y de manera muy destacada, se establece cuáles son los mandatos y las obligaciones que incumben a las Administraciones educativas en orden a garantizar la efectividad de este derecho fundamental.

La sentencia del Alto Tribunal parte de la premisa esencial de que el derecho a la educación en igualdad impone como norma general la “integración en centros ordinarios con medidas de atención a la diversidad, que puedan flexibilizarse en las distintas etapas educativas si es necesario”. Para ello la normativa “ordena” a las Administraciones “una puesta de medios para que procuren apoyos y atenciones educativas específicas, personalizadas y efectivas para estos alumnos con necesidades educativas especiales”. Es decir, que es el sistema el que ha de adaptarse al alumno y no al revés.  Además, Rodriguez Zapatero destaca que estas medidas han de ser eficaces y han de apoyar el objetivo final de lograr la inclusión del alumno. Se hace una especial mención a que estos apoyos han de hacerse “dentro del Sistema General de Educación y no en centros de educación especial”.

Por otro lado, se establece que si los alumnos han de ser derivados a centros de educación especial han de existir unas fuertes exigencias de motivación:
-Deben agotarse todos los esfuerzos para la inclusión educativa del alumno en el sistema educativo ordinario. Por tanto, solo cabe acudir al régimen de centros de educación especial si se justifica que agotados los esfuerzos para esa integración lo procedente es que esa opción en esas condiciones sí justificaría un trato distinto”.
-Debe justificarse por qué los apoyos que requiere un alumno no pueden ser prestados con las medidas de atención a la diversidad de los centros ordinarios. Tampoco aquí caben afirmaciones genéricas ni excusas de carácter económico o de orden organizativo.
-En tercer lugar, los informes en los que se apoya la Administración Educativa “deben razonar por qué supone una carga desproporcionada para la Administración la escolarización en un centro ordinario con los apoyos precisos”.

El letrado concluye en su informe que “ha de caminarse con urgencia hacia el reconocimiento pleno de la educación inclusiva para todas las personas y una aplicación íntegra de la Convención sobre los derechos de las Personas con Discapacidad, incluyendo la situación actual de los centros de educación especial – y que deben transformarse en centros de recursos y apoyo a los centros educativos ordinarios, pero no construir como tales una modalidad de escolarización, ya que ello no es compatible con el derecho a una educación inclusiva”.

El informe La doctrina jurisprudencial sobre el derecho a la educación inclusiva: evolución. La sentencia del Tribunal Supremo de 14 de diciembre de 2017 fue publicado en el Nº3 de los Anales de Derecho y Discapacidad de junio 2018, al que ha tenido acceso DOWN ESPAÑA. Disponible en la web: www.fderechoydiscapacidad.es

Día de la Educación: apostando por la enseñanza inclusiva

Coincidiendo con el Día Internacional de la Educación, la sede de DOWN ESPAÑA ha acogido una reunión entre varios expertos en educación y representantes de diferentes organizaciones de   con el objetivo de avanzar en el proyecto ‘Campus Oportunidades para la inclusión’.

El programa pretende dar respuesta a las necesidades formativas, relacionales y de participación social de los jóvenes y adultos con síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales, y la formación de estudiantes universitarios. Todo ello, se llevará a cabo a través de talleres formativos de diversas temáticas en entornos inclusivos como universidades, centros de adultos o escolares, espacios culturales o centros sociales.

Además, durante esta jornada,  se han presentado experiencias diversas innovadoras para dar respuesta a la educación permanente de los adultos con síndrome de Down en diferentes ámbitos, pues tal y como ha apuntado Elías Vived, coordinador del proyecto: «La educación inclusiva implica tres cambios fundamentales en cultura, en la política y en la práctica educativa».

Para la elaboración de este novedoso proyecto, financiado por el Ministerio de Educación, en el que participan DOWN HUESCA, DOWN LLEIDA, DOWN GRANADA, DOWN VIGO, DOWN ALMERÍA y la FUNDACIÓN AURA, se tomará como base la información recogida en la publicación Campus Oportunidades para la inclusión, que a su vez se apoya en la Convención internacional sobre los derechos de las personas con discapacidad, ratificada por España en 2007.

 

 

 

DOWN ANDALUCÍA y la Consejería de Educación refuerzan su colaboración para favorecer la inclusión educativa del alumnado con síndrome de Down

DOWN ANDALUCÍA y la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía han renovado su acuerdo de colaboración, a través del cual ambas entidades trabajarán de forma conjunta para seguir favoreciendo la atención educativa y la mejora del aprendizaje de los alumnos con síndrome de Down en centros educativos ordinarios de la comunidad.

A través de este convenio, los centros escolares andaluces que tengan un alumno con síndrome de Down podrán recibir asesoramiento y el apoyo de las asociaciones de síndrome de Down andaluzas, algo que mejorará la atención educativa a los alumnos con esta discapacidad intelectual. Los técnicos de las entidades determinarán qué áreas reforzar o qué acciones desarrollar en el centro en función de sus necesidades. De esta forma, se pretende mejorar la inclusión educativa del alumnado con trisomía 21 y dar apoyo al profesorado.

Las acciones que contempla este convenio de colaboración incluye:

  • Puesta en marcha de atención educativa que complementen la actividad realizada de manera ordinaria en los centros docentes.
  • Actividades de coordinación, asesoramiento mutuo e información sobre las características y el perfil psicopedagógico y las estrategias y actividades de potenciación del aprendizaje.
  • Atención especializada del alumnado en las actividades que se desarrollen en el centro.
  • Programas de información y sensibilización dirigidos a la comunidad educativa.
  • Elaboración de materiales didácticos, recursos tecnológicos y estrategias de enseñanza acordes a la diversidad.
  • Actividades para el intercambio de experiencias entre profesionales de la Consejería de Educación y de DOWN ANDALUCÍA.

Talleres inclusivos que fomentan la autonomía de niños y jóvenes con síndrome de Down

DOWN ESPAÑA ha desarrollado a lo largo de este curso, con la colaboración del Ministerio de Educación y Formación Profesional, el proyecto ‘Conócete y participa’ dirigido a niños y jóvenes con y sin síndrome de Down de segundo ciclo de Primaria y Secundaria de toda España. Este proyecto busca mejorar las habilidades conceptuales (como la comunicación o el lenguaje), sociales (como las relacionadas con establecer relaciones sociales e interpersonales) y prácticas (útiles para su vida diaria como la alimentación, desplazamiento o aseo) de los alumnos con síndrome de Down y sus compañeros en centros educativos ordinarios.

Para ello, se han desarrollado durante el pasado curso escolar talleres formativos en 13 centros educativos, en los que han participado 472 niños y jóvenes con y sin síndrome de Down. Basados en metodologías favorecedoras de la inclusión de las personas con síndrome de Down en el aula (como la lectura fácil y el aprendizaje cooperativo), los talleres han trabajado habilidades sociales como: control emocional, resolución de conflictos, la empatía o el cuidado de la imagen personal.

Paralelamente, el profesorado de los centros participantes ha contado con el apoyo de los técnicos educativos de asociaciones de DOWN ESPAÑA, que les han proporcionado información, sensibilización y apoyo, así como formación entorno a las características de aprendizaje de las personas con síndrome de Down, desarrollo de habilidades sociales, resolución de conflictos y educación inclusiva. En este sentido, han contado con la publicación ‘Cómo resolver los conflictos’ de la Editorial La Mar de Fácil, y el tríptico ‘Educación Inclusiva’ y la publicación ‘Orientaciones para el apoyo a la inclusión educativa’ elaborados por la Red Nacional de Educación Inclusiva de DOWN ESPAÑA.

Otro pilar importantísimo para los niños y jóvenes con síndrome de Down es la familia, por ello, se ha buscado su implicación en el proyecto. En el marco de ‘Conócete y participa’ se han mantenido reuniones (grupales e individuales) con las familias de los niños y jóvenes con síndrome de Down participantes donde, además de explicar el programa y sus actuaciones, se ha informado de la evolución del alumno. También se han desarrollado Escuelas de padres donde se ha incidido en la formación en el fomento de las habilidades sociales y resolución de conflictos; la importancia de reforzar la lectura desde casa; o en metodologías de intervención para fomentar la participación y la autonomía personal.

Lucas irá al cole el lunes y lo hará con su hermana

Los tres meses de lucha han tenido al fin su recompensa. El pequeño Lucas, un niño de 3 años con síndrome de Down,  podrá comenzar el próximo lunes el colegio y lo hará como su familia deseaba: en el mismo centro al que acude su hermana Elsa, de 6 años: el C.P Martinez Torner.

Inicialmente la consejería de Educación le había asignado otro centro, el Príncipe de Asturias, que los padres rechazaban. Tras una tensa y dura espera  y una compleja batalla administrativa, mediática y hasta política, el director general de Ordenación Académica del Principado, Francisco Laviana, telefoneaba a los padres del niño para darles la mejor de las noticias: el centro contará con el refuerzo del auxiliar educativo cuya ausencia había sido el motivo del traslado de matrícula.

La familia al completo ha celebrado esta decisión que supone un claro ejemplo de apoyo a la educación inclusiva para otras Comunidades Autónomas en los que se dan aún multitud de casos de derivación a otros centros de niños con síndrome de Down.

 

Carmen Suárez, junto a su hijo Lucas
 

DOWN ESPAÑA, que se hacía eco del caso el pasado 19 de julio, denunciaba entonces junto a DOWN PRINCIPADO DE ASTURIAS, que en la propia normativa autonómica dentro del Procedimiento de Admisión del Alumnado en Centros Docentes, no Universitarios Públicos y Privados Concertados del Principado de Asturias se establecía que : “la escolarización del alumnado con necesidad específica de apoyo educativo se realizará en modalidad ordinaria, garantizando las condiciones y recursos necesarios y teniendo en cuenta la elección de sus representantes legales«.

Lucas empezará su aventura escolar el próximo lunes. Asistirá primero a las clases de adaptación, hora y media al día, y no tendrá previsiblemente hasta octubre el apoyo del auxiliar educativo que necesitaba; algo «normal» en los arranques de curso, según explica su madre. Hasta ese momento, el centro, al que ya le ha sido comunicada la situación, se hará cargo del apoyo. La llegada de Lucas ha requerido incluso el desdoblamiento de una de las aulas para repartir los alumnos. Todo para hacerle sitio en el lugar en el que tiene derecho a estar, según han defendido siempre sus padres, que ahora esperan que la resolución de su caso sirva también para animar a otras familias en situaciones similares. «Es duro, hay que tener aguante, pero también hay que tener claro que las cosas se consiguen si uno está dispuesto a llegar hasta el final, y nosotros lo hubiésemos hecho», asegura la madre de Lucas.

Desde DOWN ESPAÑA nos unimos a la alegría y satisfacción de la familia y estamos seguros que el caso del pequeño Lucas será un aliciente para otros padres así como un ejemplo para que otros organismos públicos y consejerías defiendan la inclusión educativa de los niños con discapacidad.

 

“Unas lágrimas gruesas corrieron por mi rostro, pero no cayeron por la razón que yo había imaginado: no tenía miedo por ti, estaba orgullosa de ti”

El primer día en preescolar es importante no sólo para el alumno, sino también para sus padres. En este post de la estadounidense Jillian Benfield refleja las primeras sensaciones que experimentó el primer día de colegio de su hijo Anderson.


Querido Anderson,

Hoy es tu primer día de colegio. Es un gran día para cualquier niño, pero lo es aún más para ti. Este día ha llegado antes por tener síndrome de Down. Sólo tienes 3 años y vas a ir al colegio público los cinco días de la semana, algo que tu hermana mayor aún no ha hecho. Pero pienso que lo necesitas y que tú también lo quieres, así que te dejo ir…

Estuve ayer todo el día preocupada. No sabía si entenderías que tenías que subirte a un autobús tan temprano. Hablamos sobre ello. Te enseñé fotos, cantamos “las ruedas del autobús” una docena de veces. Me sorprendiste cuando antes de irte a la cama me dijiste “autobús chulo”. ¡Lo sabías!

La gran prueba vino cuando un gran y resplandeciente autobús amarillo apareció por nuestra casa. Pensé que te asustarías, o que al menos vacilarías. Pero tal y como siempre haces, me demostraste que mis miedos eran infundados pues prácticamente saltaste de mis brazos y subiste esas grandes escaleras de color marrón.

Observé cómo te abrochabas el cinturón y te despedías como si no fuera gran cosa. Pero para mí, fue algo tremendo. Inspiré mientras te alejabas. Unas lágrimas gruesas corrieron por mi rostro, pero no cayeron por la razón que yo había imaginado. No tenía miedo por ti, estaba orgullosa de ti.

Estoy tan orgullosa de ti…

Hoy es el primero de muchos días en tu vida escolar. Sé que algunas cosas serán más difíciles para ti que para los otros niños sentados en el círculo. Pero, mi amor, si abordas esas cosas con el mismo entusiasmo que demostraste hoy en tu primer día, será suficiente.

Tú eres suficiente.

Creo que tu futuro será brillante. El mío es mucho más brillante porque tú estás en él.

Así que esto es lo que quiero que sepas: intenta siempre hacerlo lo mejor posible. Sigue demostrando que mis miedos están equivocados y enséñales quién eres a los que tienen prejuicios de lo que eres. Aprende todo lo que puedas y, por favor, no dejes de enseñarme el camino.


El artículo original (en inglés) está disponible a través de este enlace.

DOWN ESPAÑA defiende un modelo educativo inclusivo basado en los principios de calidad, equidad, flexibilidad y respeto a la diversidad

Desde hace más de 15 años DOWN ESPAÑA aboga en sus declaraciones, publicaciones, documentos y posicionamientos por construir una sociedad abierta e inclusiva para las personas con síndrome de Down que elimine entornos segregados y específicos, y que fomente en ellas su autonomía, autodeterminación, libertad personal y la mejor calidad de vida posible.

En relación a la situación de la educación en nuestro país debemos enfrentarnos al hecho de que no habrá una sociedad inclusiva si nuestras escuelas no lo son, y que por tanto, nuestro sistema educativo debe cambiar y transformarse profundamente para que esa educación inclusiva deje de ser una utopía y para que las familias no tengan que elegir entre el principio de vida en inclusión que quieren para sus hijos e hijas, y la realidad de unos centros educativos segregados o no abiertos a la diversidad.

El II Plan Estratégico DOWN ESPAÑA 2016-2019 ya propone en su 1ª estrategia “promover la reivindicación de los derechos reconocidos en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad ONU 2006 de las personas con síndrome de Down en todas las actuaciones de la Federación y de las entidades federadas” y como primer objetivo: “Aumentar la visibilidad y la extensión de prácticas educativas inclusivas en nuestro país y denunciar las situaciones de discriminación de derechos planteadas por nuestras entidades federadas, familias y personas con síndrome de Down”.

Este II Plan Estratégico define además la Misión de DOWN ESPAÑA: “Queremos facilitar la inclusión de las personas con síndrome de Down en todos los ámbitos de su vida y velar por el cumplimiento de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en España”.

En el año 2009 el Manifiesto de la Red Nacional de Educación de DOWN ESPAÑA, decía que entendemos que hacer efectivo el derecho a una educación exige garantizar que todos los niños y jóvenes tengan acceso a la educación, pero no a cualquiera, sino una educación de calidad con igualdad de oportunidades. Esto no podría ser de otra manera si aspiramos a que la educación, realmente, contribuya al desarrollo de sociedades más justas, democráticas y solidarias. El ejercicio de la educación inclusiva, recogido en un repertorio amplio de leyes y normas, debe garantizarse y llevarse a la práctica. Sabemos que avanzar hacia la inclusión supone eliminar las barreras de distinta índole que impiden o dificultan el acceso, la participación y el aprendizaje de todas las personas. Por ello la respuesta activa de la diversidad– en la que se incluyen las personas con síndrome de Down- es uno de los retos más importantes a los que se enfrentan en la actualidad los centros escolares, las familias y los representantes de las asociaciones e instituciones.

En este mismo manifiesto se afirma que “Aceptar la inclusión supone un proceso, que implica cambios en la filosofía, el currículum, la estrategia de enseñanza y la organización estructural en el sistema ordinario de la educación, sin renunciar a las ayudas o apoyos individuales que todo alumno pueda necesitar. Cada etapa educativa conlleva un reto para la inclusión, cada centro tendrá que buscar y desarrollar sus propias soluciones ante las características de su realidad educativa. Empezar por cambiar el contexto cercano, es la mejor estrategia para avanzar hacia cambios más globales y sistémicos”.

Por otro lado en el año 2016, DOWN ESPAÑA propuso a toda la sociedad en su III Plan de Acción para las personas con síndrome de Down y sus familias en España 2016-2020, el “Reto nº 2: Acceder a la educación inclusiva” entendiendo que los niños y niñas con síndrome de Down deben ser escolarizados de manera inclusiva en el centro ordinario de elección familiar, y que todo aquello que puede resultar imprescindible para favorecer el aprendizaje del alumnado con discapacidad intelectual va a ser positivo también para el aprendizaje del resto de compañeros.

También propuso como “Reto nº 3: Estar bien en la educación secundaria”, etapa que se tiene que caracterizar por una transición de la dependencia a la independencia, tanto dentro como fuera del recinto escolar y que debe acabar con la titulación en la misma, como llave más significativa a la vida adulta y reconocimiento a los esfuerzos realizados.

Por último cabe destacar la publicación “Orientaciones para el apoyo a la Inclusión Educativa” elaborada en 2013 como documento de referencia en torno a la Educación Inclusiva de DOWN ESPAÑA, que ya indicaba que “el derecho a la educación que se reconoce para las personas con discapacidad en el artículo 24 de la Convención Internacional de Naciones Unidas, reivindica necesariamente un sistema educativo inclusivo, para todas las personas y en todos los niveles escolares. Se trata de un imperativo legal en el que no cabe la educación especial, que debe ir migrando- en un período razonable- hacia estructuras prácticas plenamente inclusivas para todo el alumnado, sin distinciones, ni acepciones”. Se decía también que: “Un planteamiento inclusivo de la educación implica construir una escuela que esté abierta a todos. No es necesario seleccionar los estudiantes: todos deben ser recibidos, da igual cuáles sean sus características personales y sus necesidades educativas. Debemos promover entornos inclusivos donde todos los alumnos se sientan acogidos, valorados y respetados”; y que: “El centro educativo donde deben ser escolarizados los niños y niñas es indiscutible:  un colegio ordinario, el mismo donde van sus hermanos, sus amigos, sus vecinos…. Si conseguimos que aprendan juntos alumnos diferentes no sólo conseguiremos que aprendan, sino que también conseguiremos algo igual o más importante: que puedan aprender juntos, que puedan estar juntos en el centro educativo, que puedan convivir y vivir juntos. Si lo que pretendemos es progresar hacia una sociedad que no excluya nadie, hacia una sociedad incluyente, necesitamos avanzar, más que nunca, hacia una escuela inclusiva donde se eduque a las futuras generaciones en valores sociales que se aprenden únicamente en contextos de diversidad, como la igualdad, el reconocimiento y la valoración de la diferencia, la solidaridad, la empatía, la ayuda mutua o el compromiso con los demás. Una educación inclusiva que garantice a todo el alumnado el acceso a una cultura común que les aporte una capacitación y formación básica para la vida”.

Por todo ello seguimos planteando desde DOWN ESPAÑA, como hemos hecho siempre y de acuerdo con la última investigación sobre el cumplimiento de la Convención en España en materia de educación inclusiva, la conveniencia de que los Centros de Educación Especial desparezcan como centros de educación segregada de personas con discapacidad abriéndose a la comunidad educativa incorporando alumnos sin discapacidad o apoyando a los centros educativos ordinarios en su propio proceso de transformación inclusiva. La reforma inclusiva de la escuela va a necesitar cambios metodológicos y organizativos en los centros educativos, y todo conocimiento y saber práctico va a ser útil para facilitar el éxito de una transformación tan profunda. Pedimos a los poderes públicos que no se empeñen en mantener políticas del pasado, que no miren hacia otro lado y que aprueben leyes que comprometan obligaciones y compromisos de esa transformación, tanto de calendario a corto plazo como de medidas concretas que lo hagan posible. Pedimos que se aplique y desarrolle una Ley educativa que asegure todas las garantías de que la inclusión educativa va a contar con los apoyos y recursos que sean necesarios, teniendo siempre como objetivo el bien superior del menor con discapacidad y el apoyo a la construcción de una vida lo más plena posible para ellos.

 En DOWN ESPAÑA apoyamos la idea de que “la educación inclusiva es un reto y no un problema: es normal que los alumnos sean diferentes. Por lo tanto, más que preocuparnos por cómo podemos conseguir grupos homogéneos, debemos preocuparnos por cómo podemos enseñar juntos a alumnos heterogéneos con intereses, motivaciones, capacidades y ritmos diferentes. Una escuela de todos y para todos que no ponga requisitos de entrada ni mecanismos de selección o discriminación de ningún tipo, para hacer realmente efectivos los derechos a la educación, la igualdad de oportunidades y la participación de todo el alumnado, y contando para ello con el esfuerzo de todos los miembros de la comunidad educativa, las instituciones, los directivos, los profesores, padres, madres, asociaciones, y los alumnos para hacerlo posible”.

Desde DOWN ESPAÑA nos sentimos cercanos a la complicada situación de tantas familias a las que se les está forzando a elegir un centro educativo no inclusivo para sus hijos e hijas, ante la inexistencia de una realidad educativa acorde a estos tiempos y que, en gran medida, está por construir. Somos conscientes de que toca una época de esfuerzos, cambio y luchas para que la educación inclusiva se convierta en un derecho realmente irreversible, y también sabemos que como toda transformación profunda estos cambios no se conseguirán de inmediato…

La trayectoria de las organizaciones de familias de personas con síndrome de Down a lo largo de las últimas décadas no ha sido fácil, ni cómoda. Ha sido un camino con dificultades y obstáculos que ha requerido de grandes dosis de esfuerzo y empeño personal. Al fin y al cabo, lo que ha estado y sigue estando en juego, no es ni más ni menos que el derecho de nuestros hijos e hijas a vivir libres en una sociedad de la que formen parte: a vivir en inclusión. Desgraciadamente, no podemos delegar los cambios necesarios que habrá que acometer en materia de educación inclusiva en la mera gestión del Gobierno, o en la buena voluntad de los centros educativos o de las personas al frente de los mismos (el derecho a la inclusión no puede ser nunca una cuestión de suerte o azar). Es por eso que desde DOWN ESPAÑA os pedimos que demos juntos un salto hacia delante y miremos hacia el futuro: no hacia lo que somos, sino hacia lo que queremos ser. No hay otro camino que la inclusión. Y solo el tiempo demostrará que las dificultades, como las que ya vencieron anteriores generaciones de familias en relación a otras demandas, eran un peaje necesario para lograr una meta demasiado importante como para no poner todos nuestros esfuerzos en lograrla. Avancemos hacia la verdadera inclusión: la educación inclusiva es un derecho irrenunciable.

 

«Sobre el falso debate de la educación especial», una reflexión sobre el camino hacia la inclusión educativa

Agustín Huete García, profesor de la Facultad de Educación. INICO. Universidad de Salamanca, reflexiona en este artículo sobre el debate actual en torno a la necesidad de transformar el modelo educativo actual en uno verdaderamente inclusivo.

La generalización del Derecho a la Educación es, junto a la Seguridad Social, la Sanidad y los Servicios Sociales, una conquista del Estado de Bienestar Social moderno, para cuyo éxito ha resultado fundamental la aplicación del principio de “igualdad de oportunidades” para todas las personas. Una sociedad es más avanzada cuanto más eficiente es en la extensión de sus sistemas de protección social, esto es, más capaz de dar respuesta al mayor número posible de colectivos en situación de desventaja.

Históricamente, las personas con discapacidad han sido etiquetadas, estigmatizadas y colocadas en una posición de inferioridad frente al resto de la ciudadanía, generando así actitudes de rechazo y conductas de sobreprotección que han conducido, por vías diferentes, a un trato de personas incapaces de valerse por sí mismas. Las personas con discapacidad se han visto así impedidas para ejercer sus derechos, y condenadas a una situación de ciudadanía de “segunda clase”.

Afortunadamente, la discapacidad es concebida hoy no como un problema individual sino social, cuyo resultado es de desventaja a la hora de participar en igualdad de oportunidades en la sociedad. Desde esta perspectiva, dado que las personas con discapacidad son titulares de los mismos derechos que el resto de los ciudadanos, la sociedad debería eliminar cualquier barrera que pueda obstaculizar el acceso a los recursos y servicios educativos, sociales, sanitarios, así como a los espacios de participación social, política y cultural.

Una vez entendemos la discapacidad como una forma de exclusión social, como podría ser la de clase social, género o etnia, los sistemas de enseñanza aparecen no sólo como los escenarios donde dicha segregación es más evidente, sino como herramientas poderosas para generar igualdad de oportunidades, con los ajustes necesarios.

La escuela es mucho más que una herramienta para impartir conocimiento, es un agente de socialización clave que reparte capital cultural, modelos de comportamiento, relaciones personales, vínculos, expectativas sobre la propia vida y la de quienes nos rodean. Es por tanto un elemento fundamental para facilitar la inclusión social adaptada, productiva, relevante, significativa y realizada en sociedad. Además, el desarrollo de actitudes inclusivas en la escuela, esto es, en el profesorado, alumnado y demás agentes escolares, contribuye a prevenir la exclusión social en otros ámbitos de la vida comunitaria.

La exclusión del sistema de enseñanza puede traer consigo la exclusión de la sociedad, asentando en el imaginario colectivo la discapacidad con la segregación, es decir, justificando desde la infancia que lo mejor para las personas con discapacidad es que permanezcan aparte, primero en la escuela, después en cualquier otro escenario social. Esta segregación, este engaño, es frecuentemente asumido como adecuado por la propia persona con discapacidad y su familia, porque la exclusión no es posible sin la aceptación tácita de quien la sufre.

La aplicación del principio de igualdad de oportunidades en la educación hacia las personas con discapacidad no se ha entendido de la misma manera en los diferentes sistemas de enseñanza modernos, aunque en general se han sucedido similares estrategias más o menos exitosas, relacionadas con:

  • Especialización y especificidad, como fundamento de la Educación Especial, tienen un valor innegable: el reconocimiento de que los sistemas de enseñanza precisan instrumentos adecuados para adaptarse a las necesidades de apoyo de los niños y niñas con discapacidad, de forma que estos obtengan el mayor rendimiento posible.
  • Normalización, integración e inclusión, como fundamento de la Educación Inclusiva, tienen también un valor innegable: el reconocimiento de que los sistemas de enseñanza son, además de necesarios para aprender, fundamentales para acceder a la participación social, la ciudadanía y la identidad en igualdad de condiciones.

Tanto la educación especial, como la inclusión educativa son estrategias orientadas el éxito escolar de las personas con discapacidad, la primera a través de una estrategia técnica, y la segunda a través de una estrategia social. Son por tanto vías complementarias, que únicamente parecen contradictorias cuando entra en juego el espacio, es decir, la ubicación de los recursos especializados en lugares específicos para personas con discapacidad, creando así lugares segregados, incompatibles con la inclusión. He aquí la falsedad del debate: el espacio, el lugar, el edificio.

En realidad, cualquier instancia de la administración educativa puede ser “de Educación Especial” y a la vez “Inclusivo” si cuenta con los recursos adecuados para la enseñanza de cualquier niño o niña. La centralización de estos recursos en un mismo edificio -cerrado además a la enseñanza de niños “sin discapacidad”- es una mera opción burocrática, que mantiene algunos de los efectos virtuosos (aprendizaje, calidad de vida, seguridad, respeto), pero también los más perniciosos de cualquier forma de institucionalización (segregación, invisibilización, discriminación, falta de expectativas).

Los centros o aulas segregadas de Educación Especial son por tanto núcleos privilegiados de recursos y de conocimiento para el máximo rendimiento educativo en las personas con discapacidad, pero suponen una barrera infranqueable para lograr una plena inclusión educativa de los niños y niñas con discapacidad. Y es por su condición de “centros”, no por su condición de “especiales”, por lo que cabe un debate sobre su existencia.

Las necesidades educativas del alumnado con discapacidad requieren, claro que sí, una respuesta especializada y constante a lo largo de todo el período educativo, que permita la maximización de sus capacidades, la obtención del máximo rendimiento y la inclusión social en ausencia de discriminación. Esta cuestión no admite debate alguno. Ahora bien, defender la segregación de los niños y niñas con discapacidad en los Centros separados de Educación Especial como la mejor alternativa para su educación, supone tanto como aceptar el fracaso de la escuela ordinaria en la provisión de los apoyos necesarios para que los miles de niños y niñas que permanecen hoy día segregados, tengan la oportunidad de escolarizarse allí donde les corresponde, en su medio natural.

Este debate no es nuevo, la humanidad se ha preguntado antes de hoy si las mujeres, los negros o los pobres debían ser escolarizados, y después de esto, si debían ser escolarizados en centros aparte, o en las mismas aulas que los hombres blancos ricos. En el fondo, el debate está en si nos creemos realmente que las personas con discapacidad son titulares de la misma dignidad y derechos que el resto de las personas. Si es así, la única alternativa posible es la inclusión, con el despliegue de medios especiales que sea preciso, y con la participación indispensable de los especialistas que durante años han hecho su labor en los Centros de Educación Especial, y que están llamados a liderar la transformación de los centros segregados en la vanguardia de la inclusión. Sin su participación, sin su liderazgo, la lucha contra la discriminación presente y futura de las personas con discapacidad será poco menos que imposible.

Iniciaba esta reflexión tildando de falso el debate actual sobre el cierre de los Centros de Educación Especial. He intentado mostrar que es falso, porque nadie en su sano juicio se plantearía si la Educación Especial debe existir, o si debemos renunciar como sociedad al despliegue de medios y conocimiento que los Centros de Educación Especial albergan. La cuestión en realidad, es si esos medios deben permanecer centralizados y cerrados al resto de la población, o abiertos en un sistema escolar capaz de adaptarse a las necesidades de los niños y niñas. Y aquí viene la que considero auténtica pregunta (o preguntas) para el debate:

¿Está el sistema escolar preparado para disponer los medios técnicos que se necesitan para escolarizar a los niños y niñas con discapacidad en los centros escolares ordinarios?

¿Están los maestros y maestras del sistema escolar ordinario dispuestos a admitir en sus aulas a todos los niños y niñas con discapacidad, y a los especialistas de la educación especial que les apoyan?

¿Están los maestros y maestras de los Centros de Educación Especial dispuestos a salir de la zona de confort que su centro cerrado les supone, para ir a las aulas ordinarias a poner su conocimiento y experiencia al servicio de la inclusión?

¿Están los gestores y los especialistas pedagógicos preparados para flexibilizar el sistema de enseñanza de forma que este se ponga al servicio de los niños y niñas, independientemente de sus habilidades funcionales, y no al contrario?

¿Están, por fin, los gestores del sistema preparados para renunciar a la comodidad de centralizar los recursos en centros especiales, y admitir la complejidad de poner los recursos especiales allí donde están los niños y niñas que los necesitan?

 

 

Sin plaza en el colegio de su hermana porque el centro no dispone de auxiliar educativo

El pasado mes de junio, Carmen Suárez quiso matricular a su hijo pequeño de 3 años, que tiene síndrome de Down, en el mismo colegio que su hija mayor de 6 en Gijón. Cuál fue su sorpresa cuando descubrió que su solicitud había sido rechazada –aun cuando su hijo reunía los puntos necesarios – y cuando recibió una carta de la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno del Principado de Asturias donde le informaba que se le había asignado una nueva plaza en otro colegio diferente.

El colegio en el que está matriculada su hija mayor, dispone de logopeda, fisioterapeuta y un profesional de audición y lenguaje, pero no de un auxiliar educativo; razón por la cual se rechazó su solicitud y se le reubicó en otro centro –el colegio Príncipe de Asturias- que sí dispone de esta figura.

Pero no es un caso aislado. DOWN ASTURIAS ha recibido recientemente otra denuncia de una familia de Llanera a la que también se le ha denegado la plaza en el centro ordinario que habían solicitado, y se le ha reasignado otra en un colegio que se encuentra fuera del ámbito que les corresponde por domicilio.

El caso es casi idéntico y la razón por la que les deniegan plaza en el centro solicitado la misma: el colegio al que quieren matricular a su hijo dispone de logopeda, Maestro de Pedagogía Terapéutica… pero no de auxiliar educativo. En su caso, los padres -Carlos Borreguero y María José González- llegaron a ofrecer hacerse cargo del coste de la contratación de este profesional. Una de las razones por las que la familia eligió el centro, es porque es el mismo al que se han matriculado todos sus compañeros de ludoteca. «Llevan juntos desde que tienen 10 meses, por lo que la integración de mi hijo sería total», destaca Borreguero.

En ambos casos, las familias señalaron en su solicitud que los niños tienen síndrome de Down y aportaron el informe de evaluación psicopedagógica que establece los apoyos que los niños necesitan en el centro de educativo.

Esto atenta gravemente al derecho a las familias a elegir el centro docente donde escolarizar de forma inclusiva a sus hijos y va en contra de la normativa tanto autonómica como nacional que ampara este derecho. La norma también obliga a las Administraciones educativas a que dispongan de profesionales cualificados, medios y materiales precisos para la adecuada atención del alumnado con discapacidad.

Todo ello se recoge en Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación que establece que: “corresponde a las Administraciones educativas garantizar la escolarización, regular y asegurar la participación de los padres o tutores en las decisiones que afecten a la escolarización y a los procesos educativos de este alumnado”. Y en el capítulo IV, artículo 15.1 de esa misma ley: “la Consejería competente en materia de educación, garantizará una adecuada y equilibrada escolarización del alumnado con necesidad específica de apoyo educativo. Para ello, establecerá la proporción de alumnos de estas características que deban ser escolarizados en cada uno de los centros públicos y privados concertados y garantizará los recursos personales y económicos necesarios a los centros para ofrecer dicho apoyo”.

Y en la propia normativa autonómica en la Resolución de 26 de febrero de 2018 de la Consejería de Educación y Cultura, por la que se aprueba el Procedimiento de Admisión del Alumnado en Centros Docentes, no Universitarios Públicos y Privados Concertados del Principado de Asturias establece que: “la escolarización del alumnado con necesidad específica de apoyo educativo se realizará en modalidad ordinaria, garantizando las condiciones y recursos necesarios y teniendo en cuenta la elección de sus representantes legales”.

Según informan desde DOWN Principado de ASTURIAS, la reasignación de plazas en otros centros ordinarios diferentes a los solicitados por los padres se está convirtiendo en una práctica común en el Principado: “Lo que más nos preocupa es que no son casos aislados, desde hace tiempo llevamos alertando que se están concentrando a los niños con necesidades educativas especiales en determinados colegios ordinarios”, afirma la gerente de DOWN ASTURIAS, Tatiana Redondo.

Para el presidente de DOWN ESPAÑA, Mateo San Segundo: “Es intolerable que, por falta de voluntad política y recursos, se le niegue a las familias el derecho a elegir centro para escolarizar de forma inclusiva a su hijo con síndrome de Down. Pero más grave nos parece aún que, bajo el paraguas de la educación inclusiva, se estén creando espacios agregados en los propios centros ordinarios acumulando a todos los alumnos con discapacidad a los mismos colegios alegando falta de personal o recursos. Esto está muy lejos de ser educación inclusiva”.

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad aprobada en la ONU y ratificada por España en 2008 obliga a los Estados Partes a proporcionar «un sistema de educación inclusivo a todos los niveles» y asegurar a que “las personas con discapacidad puedan acceder a una educación primaria y secundaria inclusiva, de calidad y gratuita, en igualdad de condiciones con las demás, en la comunidad en que vivan”.

DOWN Principado de ASTURIAS ha enviado comunicados tanto al consejero de Educación y Cultura, como al Defensor del Pueblo en funciones y a representantes políticos del Principado para denunciar estos casos. Al cierre de esta noticia, no había recibido respuesta de la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno del Principado de Asturias.

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