Testimonio27 Feb 20248 minutos de lectura

Inclusión entre cafés y bocadillos de calamares. Así es El Quiosco Down Experience

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En el medio de una agradable placita de la ciudad de La Coruña, un curioso local con aire retro y un delicioso olor a calamares fritos llaman la atención de cualquiera que pasee por esta villa gallega. Se trata de El Quiosco Down Experience, el renovado y mítico restaurante coruñés que llevaba cerrado más de 30 años y que ahora gestiona DOWN CORUÑA impulsando la inclusión laboral de personas con discapacidad intelectual.

En DOWN ESPAÑA, teníamos muchísimas ganas de acercarnos a visitar a los jóvenes con síndrome de Down o discapacidad intelectual que forman parte del equipo de El Quiosco y que preparan cientos de cafés y más de 500 bocadillos de calamares cada día.

Al llegar, nos encontramos con todas las mesas ocupadas y cola de espera para degustar alguna de las exquisiteces que aquí preparan María, Bea, Raúl, Adrián, Ana, Alex…Esta plantilla inclusiva, formada por 19 personas -12 de ellas con discapacidad intelectual o síndrome de Down- sirve bocadillos de paleta ibérica, calamares o tortilla, además de ensaladilla rusa, helados o dulces. Sin olvidar sus tés o cafés procedentes de Etiopía, Costa Rica o México. Toda una amalgama de productos de calidad que hace las delicias de quien las quiera probar de lunes a sábado con un horario ininterrumpido de 08:00 de la mañana, con los primeros desayunos, hasta las 23:00 horas

Inclusión laboral entre freidoras y cafeteras

Este maravilloso y exitoso proyecto, nació hace dos años de la mano de Manuel Álvarez Esmorís, entonces presidente de la asociación DOWN CORUÑA y actual vicepresidente. “Queríamos apostar más por la inclusión laboral. Empezamos con la formación en hostelería para que los chicos supieran servir café, atender en mesas, etc…, y después, faltaba el local. En una reunión con la actual alcaldesa de La Coruña, Inés Rey, presentamos el proyecto y la idea de recuperar el Quisco de la Plaza de Ourense, que llevaba muchos años cerrado. Aceptó la propuesta y tras ganar las elecciones, retomamos la iniciativa. Costó mucho trabajo reformarlo manteniendo su estilo histórico y la formación también fue complicada”, explica Manuel.

Ahora, tras casi dos meses desde su apertura, Álvarez explica que El Quisco Down Experience “está funcionando muy bien. La respuesta está siendo la bomba”. “Están trabajando a tope. Barajábamos un escenario previsible y estamos triplicando lo

que estimamos. Esto nos ha permitido dar la oportunidad a más jóvenes y están encantados. Todos trabajan con el convenio de hostelería y bajo el modelo del empleo con apoyo. Tienen un empleo superdigno con un sueldo superdigno”.

“El síndrome de Down no es nada malo, no me impide nada”

Una vez conocido el origen de este proyecto, y ya dentro del local, aprovechamos unos minutos para hablar con sus protagonistas entre freidoras, máquinas de café, de helados, lavavajillas… María, de 22 años, tiene síndrome de Down y nos cuenta lo «contentísima” que está trabajando en El Quiosco. “Estoy muy feliz aquí, sobre todo por mis compañeros. Son muy majos. El trabajo en cocina me gusta mucho, aunque es mucha constancia, empeño y esfuerzo. Me encanta hacer bocadillos de calamares. Sobre todo, comérmelos”, dice entre risas.

Además, María quiere destacar lo importante que es para ella trabajar, pues es necesario “para encontrar un futuro bueno”. “Es importante que contraten a personas con síndrome de Down. El síndrome de down no es nada malo, no me impide nada. Aquí estoy firme trabajando ‘a tope de power’. Hay que tender actitud y muchas ganas de trabajar”, asegura la joven, antes de confesarnos que también es actriz y cantante y que esta noticia se hará viral.

«Que venga todo el mundo a comer bocadillo de calamares”
Seguimos en cocina y hablamos con Beatriz, de 31, y también con síndrome de Down. A ella le encanta su trabajo. “Me gusta mucho y se lo dedicó a mi padre porque murió. Lo que más me gusta hacer son los bocadillos de calamares, pero limpiar y fregar, también. Con mis compañeros muy bien, hablamos también por teléfono cuando terminamos. Yo puedo trabajar porque soy adulta y si me explican lo que tengo que hacer, lo hago. Para escribir, por ejemplo, soy un poco lenta, pero aquí trabajo muy bien”, dice orgullosa.

Salimos del interior del mítico y muy vintage local coruñés para preguntar también a Adrián por su experiencia trabajando como camarero. Algo más tímido que sus compañeras, el joven de 23 años explica que sus tareas son “llevar bandejas, colocar las cosas, llevar comida y bebida…”. “Me gusta todo de mi trabajo. Hablar con la gente, mucho. También con mis compañeros porque son simpáticos”, dice este joven gallego.

“No todo el mundo vale para hacer todo, pero todo el mundo vale para trabajar”

Para finalizar esta ronda de entrevistas, hablamos con Raúl y Ana, los dos entusiastas encargados de El Quisco. Raúl, que también es uno de los impulsores del proyecto, explica que, para él, trabajar con personas con discapacidad “es una experiencia igual que trabajar con gente sin discapacidad. Hay personas con más o menos dificultades. Aquí, la principal, dificultad la encontramos al principio para comunicarnos bien con los chicos y chicas, pero fuera de eso, no hay ninguna complicación”, señala.

Después de trabajar en el ejército, Raúl dio un giro a su vida dedicándose a la hostelería, más concretamente a la formación. “Yo siempre formé a mi personal de trabajo, y aunque nunca había trabajado con gente con discapacidad. Mi experiencia está siendo muy buena. Tenía claro que no habría mucha diferencia, pues todos tenemos limitaciones. No todo el mundo vale para hacer todo, pero todo el mundo vale para trabajar. Lo importante es saber escoger para cada puesto”.

Por último, Raúl aprovecha para indicar que “deberíamos estar replicando esto ya. Hay que cambiar el sistema. Las personas con discapacidad intelectual no son niños. Pueden trabajar, entienden y hacen perfectamente todo. Si hay un interés, no tiene más historia que enseñarles”.

“Su sonrisa cada día al terminar el turno, es la mejor recompensa”

Por su parte, Ana, quien tampoco tenía experiencia trabajando con personas con síndrome de Down, dice que “está siendo un descubrimiento enorme”. Además, explica: “Pensábamos que las ventas serían menores y que a los chicos les costaría más aguantar este trote. Yo estoy aprendiendo muchísimo de ellos: cómo se organizan, la rapidez del aprendizaje, su trato con los clientes…Todos están encantados y muy contentos, aunque estén cansados”, afirma.

“Estoy superagradecida porque les conozco como compañeros, pero también como amigos. Estamos creando un vínculo muy fuerte. Ya viéndoles en la formación supimos que esto prometía porque se les da bien. Son los mejores compañeros que he tenido en hostelería”.

Ana quiere animar a los empresarios hosteleros a contratar a personas con discapacidad intelectual y asegura que “deberían conocer más proyectos como este porque lo que les frena es el desconocimiento”. “Les animo a probar, a intentarlo. Es algo positivo para empresa porque pueden trabajar muy bien y además, es algo muy bueno para favorecer su inclusión”, añade.

No podíamos irnos sin probar un suculento bocadillo de calamares -valoración: exquisito, lleno de sabor y preparado con mucha ilusión-, y sin preguntar a algunos de los clientes. Algunos conocían el proyecto y querían colaborar con la inclusión, además de degustar los calamares en el local donde hacía décadas ya se servían. Otros, simplemente se acercaban a la famosa Plaza de Ourense de la ciudad coruñesa atraídos por su aroma o por el gentío.

En DOWN ESPAÑA, nos ha encantado conocer de cerca esta maravillosa iniciativa por la queremos felicitar a todo el equipo que la hace posible, así como agradecer al público coruñés la acogida que está dando a El Quiosco de Down Experience.

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