J. Gutiérrez: «Conocer los derechos es el primer paso para poder defenderlos ante posibles vulneraciones»
Cuando hablamos de derechos de las personas con síndrome de Down, corremos el riesgo de hacerlo desde fuera. Desde la teoría o desde las buenas intenciones. Sin embargo, los derechos solo cobran sentido cuando se ejercen y se defienden y experimentan en primera persona.
Ese es, precisamente, el punto de partida de “Hablemos de los OSD”.
Un proyecto que Down España está ejecutando en colaboración con el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación y que se suma a los desarrollados en los últimos años con el objetivo de que los jóvenes con síndrome de Down conozcan sus derechos reconocidos en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Unos derechos cuyo ejercicio pleno es imprescindible para lograr una vida autónoma e independiente y para que la inclusión deje de ser una palabra amable y se convierta en una realidad cotidiana.
Conocer los derechos es el primer paso para poder defenderlos ante posibles vulneraciones. Pero no puede ser el único. Porque la inclusión de las personas con síndrome de Down no depende solo de ellas ni de sus familias. Depende también del conjunto de la sociedad y de su capacidad para reconocer y eliminar las barreras que, durante demasiado tiempo, se han levantado día a día: en la escuela, en el empleo, en la salud, en la participación comunitaria y en otros muchos ámbitos.
Por eso llega un momento en el que el trabajo debe avanzar en dos direcciones. Primero, acompañar a las personas con síndrome de Down para que conozcan, se apropien y defiendan sus derechos. Y después, interpelar al resto de la población para que entienda que esos derechos no son una concesión ni un gesto de buena voluntad.
Ese fue el camino abierto por “Ponte Derecho” en 2023 y es el que ahora continúa “Hablemos de los OSD”: pasar de la concienciación interna a la sensibilización social; de explicar los derechos a exigir que se cumplan; de formar a quienes los viven en primera persona a formar también a quienes muchas veces sin ser conscientes, contribuyen a limitar su ejercicio.
La propuesta en este 2026 ha sido tan sencilla como poderosa: relacionar los Objetivos del Síndrome de Down (OSD) con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Puede parecer solo un juego de palabras, pero encierra una idea de fondo profundamente política y profundamente humana: no existen agendas separadas cuando hablamos de dignidad, igualdad y derechos.
Hablar de ODS es hablar de derechos humanos. Más allá de sus metas concretas, los Objetivos de Desarrollo Sostenible reflejan derechos reconocidos internacionalmente como el derecho a la salud, a la educación, a un trabajo decente, a la igualdad, a un nivel de vida adecuado etc.
Y al igual que ocurre con los derechos de la Convención, estos objetivos no se cumplen por igual para todas las personas ni en todos los contextos. Lo que para una parte de la sociedad puede parecer un horizonte común, para muchas personas con síndrome de Down sigue siendo una promesa pendiente. La educación inclusiva continúa encontrando resistencias. El empleo ordinario sigue siendo una oportunidad demasiado limitada. La participación social se acepta a menudo en el discurso, pero se restringe en la práctica.
Por eso, avanzar en los ODS debe significar también avanzar en los OSD. De igual forma que los ODS y los derechos humanos no son agendas separadas, los OSD y los derechos de las personas con síndrome de Down tampoco pueden serlo.
Ahí reside la fuerza de este proyecto.
“Hablemos de los OSD” no solo quiere sensibilizar a la sociedad. Quiere interpelarla. Quiere poner delante de todos una pregunta incómoda: si los derechos están reconocidos, si la igualdad forma parte de nuestros compromisos públicos, si la inclusión aparece en discursos, planes y estrategias, ¿por qué las personas con síndrome de Down siguen encontrando dificultades para ejercerlos?










































































