N. Nieto: “La infantilización de las personas con síndrome de Down limita su autonomía e identidad»
En demasiadas ocasiones, las personas con síndrome de Down se enfrentan a situaciones en su vida cotidiana en las que se les sobreprotege, incapacita, invisibiliza o infantiliza.
Esto es lo que le sucede a Sara en uno de los spots de nuestra campaña #NoSoyYoEresTú por el Día Mundial del Síndrome de Down -21 de marzo-, en el que vemos cómo nuestra protagonista asiste a una consulta médica rutinaria y siente cuestionada su capacidad para entender unas sencillas instrucciones o para asumir su autonomía.
Desde Down España, a través de esta escena, queremos concienciar sobre la importancia de tratar a las personas con síndrome de Down con el respeto y justicia que merecen en todos los ámbitos y etapas de sus vidas.
Entrevistamos a la coordinadora de nuestra red de trabajo de Vida Adulta y Envejecimiento (RNVAE), Nagore Nieto, para conocer las demandas que proponen los profesionales del grupo en relación con el derecho a un proyecto de vida propio de las personas con síndrome de Down.
–¿Cuáles son las reivindicaciones de Down España a través de la escena de Sara?
Con este vídeo y, en general con la campaña #NoSoyYoEresTú, queremos decir a la sociedad que las personas con síndrome de Down adultas deben ser respetadas y no infantilizadas, pero podríamos ir más allá: es responsabilidad de todos no invisibilizarlas.
Las personas adultas con síndrome de Down, con más o menos dificultades, escuchan, entienden, opinan, cuestionan, deciden…, pero en ocasiones se encuentran con numerosas trabas que dificultan que puedan ejercer esos derechos con todo lo que ello conlleva a nivel de identidad o bienestar emocional.
Además, la sociedad debe ser consciente del valor de la diversidad, respetarla y prepararse para que todas las personas sean reconocidas como tal. No hay personas de primera o de segunda. Hablamos de inclusión y de justicia equitativa.
El lema de la campaña, “No soy yo, eres tú”, es idóneo porque, en realidad, muchas veces somos nosotros quienes tenemos el problema, la limitación o la dificultad y no las personas con síndrome de Down. Y somos nosotros quienes tenemos la responsabilidad de trabajar para superarlo, sin que otras personas tengan que pagar las consecuencias de nuestras limitaciones.
La inclusión se demuestra en los hechos cotidianos. No basta con que la persona esté presente; hay que hacerla partícipe. Se dice muchas veces: no es solo que te inviten a la fiesta, es que te saquen a bailar.
–¿Qué crees que lleva a la sociedad a actuar de esta forma?
Creo que estos comportamientos son signo de desconocimiento, de inseguridad y de falta de empatía.
En muchas ocasiones, el miedo a actuar mal, a no saber si la persona va a entender lo que decimos o si no vamos a entender lo que nos dice, hace que parte de la sociedad actúe con comportamientos de este tipo, que las personas con síndrome de Down han vivido y viven en muchas ocasiones.
Sin darnos cuenta, entramos en un círculo vicioso: por desconocimiento creemos que la persona no sabe, no entiende, no es capaz, lo que condiciona nuestro estilo de relación: hacemos las cosas por ellos, damos pocas opciones de participación o relación; lo que a su vez hace que la persona vaya adquiriendo un rol pasivo que requiere de un apoyo que ofrecemos antes de saber si es necesario, y así sucesivamente.
Por otro lado, la inseguridad puede llevar a evitar a las personas con discapacidad intelectual: como no sé si me voy a comunicar bien, prefiero no hacerlo. Pero creo que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de dirigirse a cualquier persona de forma adecuada, sea cual sea su realidad.
Si queremos avanzar y garantizar los derechos de las personas con síndrome de Down, tenemos que asumir esa responsabilidad. Creo que la sociedad todavía tiene mucho que aprender en este sentido.
Valorar la diversidad como riqueza y responsabilizarnos de incluir a todas las personas es la única manera de lograr un cambio social y conseguir una sociedad más justa y cada acción cuenta: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.
–¿Qué consecuencias tiene esa infantilización y sobreprotección continuada en la autoestima, la identidad y el proyecto vital de una persona?
La infantilización continuada de las personas con síndrome de Down, lejos de protegerlas, puede tener efectos directos importantes en su desarrollo. Favorece que la persona se estanque de manera prolongada en una etapa vital excesivamente larga irrumpiendo su proceso natural de maduración, con las consecuencias que ello va a tener de cara al futuro, dificultando su autonomía e identidad y pudiendo debilitar su salud mental.
Las personas vamos elaborando nuestro autoconcepto y autoestima de manera progresiva, fruto de nuestras experiencias vitales (positivas y negativas) que nos ayudan a adquirir herramientas y estrategias que nos permiten evolucionar y crecer. Esta evolución va forjando nuestra identidad y nos permite identificar nuestras capacidades y fortalezas, así como nuestras limitaciones y los apoyos que precisamos.
En el caso de las personas con síndrome de Down, existe una realidad de sobreprotección que dificulta que vaya adquiriendo esa identidad. Van a necesitar apoyos a lo largo de la vida, pero estos no deberían limitar, sino acompañar su evolución como persona.
Todos estos aspectos tienen consecuencias directas en sus proyectos vitales. La persona se acostumbra a que otros decidan por ellos, lo que anula o limita su capacidad de decisión y planificación.
No podemos olvidar que el colectivo de personas con síndrome de Down muestra una realidad muy diversa, pero con todas ellas podemos trabajar en este sentido.
–¿Qué crees que hace falta para que tenga lugar ese cambio de perspectiva?
Ojalá tuviera la pócima, pero creo que en ella jugarían un papel importante las oportunidades. Es fundamental que las personas con síndrome de Down y otras discapacidades participen en entornos inclusivos, puedan acceder a empleo ordinario, participar en actividades comunitarias, a la vivienda, …. A todo aquello que consideramos un derecho. No olvidemos que todas las personas tenemos los mismos derechos, pero necesitamos los apoyos necesarios para poder ejercerlos.
Otros ingredientes fundamentales serían el respeto, la dignidad y la empatía. Hagamos aquello que nos gustaría que nos hicieran a nosotros.
–¿Qué papel tienen las familias en la promoción de la autonomía de sus hijos/as con síndrome de Down?
Las familias a veces viven situaciones complicadas. Por ejemplo, cuando un profesional se dirige a ellas en lugar de hablar directamente con la persona con síndrome de Down, aunque esta pueda entender perfectamente la situación.
En esos momentos puede parecer brusco intervenir y decir: “oye, dirígete a él o a ella”. Pero creo que no hacemos ningún favor si no empezamos a asumir un papel más activo.
Familias, profesionales y cualquier persona que detecte estas situaciones deberían intentar intervenir de forma constructiva. No se trata de recriminar, sino de ofrecer un aprendizaje: explicar que entre todos podemos hacerlo mejor.
En resumen, un entorno comunitario inclusivo puede facilitar que la persona mayor con síndrome de Down sea parte activa de la sociedad durante más tiempo, promoviendo su empoderamiento, autonomía y el ejercicio de sus derechos. Esto incluye aspectos como su participación en el mundo laboral —cuando sea posible—, la adaptación de su edad de jubilación o el diseño de servicios especializados para etapas más avanzadas o procesos de demencia.
–¿Qué mensaje te gustaría trasladar a la sociedad y a las administraciones públicas sobre la justicia y el respeto hacia las personas con síndrome de Down?
A la sociedad, que hay que eliminar el mito del «niño eterno». Son adultos mayores con derecho a la autonomía y a participar en su entorno. Todos tenemos que asumir la responsabilidad de relacionarnos con ellos de manera ajustada.
A los Gobiernos, que hacen falta recursos comunitarios que garanticen una atención adecuada y especializada: apoyos en hogar, recursos residenciales que favorezcan tanto el mantenimiento de sus relaciones como la participación en la comunidad, etc.
–¿Cómo trabaja la Red de Vida Adulta de DOWN ESPAÑA para fomentar la autonomía de las personas con síndrome de Down?
Somos un grupo de profesionales de 60 entidades de DOWN ESPAÑA, que surgió de la necesidad de trabajar sobre todos estos aspectos relacionados con los cambios que se dan en la etapa adulta para poder dar la mejor respuesta. De ahí su éxito.
Además, contamos con 23 representantes (personas con síndrome de Down o discapacidad intelectual) porque tenemos muy claro que no debemos hacer “nada sobre ellos sin ellos”. Son el centro de nuestras intervenciones y sus aportaciones son fundamentales.
Trabajamos en cuatro comisiones centradas en: envejecimiento activo y satisfactorio, papel de las familias, proyectos de Vida y final de vida.
En todas ellas, desarrollamos proyectos muy interesantes que irán presentándose poco a poco. Además, realizamos reuniones grupales y formaciones que buscan dar respuesta y especialización a nuestras intervenciones diarias.
Colabora en: www.21demarzo.org



































































